Corbacho y la escalada del paro
 El
ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, admite que el
paro seguirá aumentando en los próximos meses
y reconoció que en cuatro años “no
se puede cambiar el modelo económico”. |
El
carisma apuñalado
Luis Del Val
Decía
Napoleón, en su sentido más noble, que en la
mochila de cada soldado debe haber un bastón de mariscal.
Claro que Napoleón llegó a emperador sin tener
que librar batallas en el seno de un partido político,
donde cada militante es un aspirante a cacique, y cada cacique
un pretendiente a líder carismático, aunque lo
de líder carismático es un pleonasmo, porque
cuando se alcanza el liderazgo el carisma va incluido en la
proporción de poder: a más poder, más
carisma.
Zapatero, por ejemplo, no tenía nada de carisma cuando era un oscuro diputado;
luego, tuvo un carisma regular, compartido con el carisma de los nacionalistas,
y, ahora, se le está poniendo el carisma como los precios, o sea, por
las nubes. Lo mismo le sucedió a Aznar, que inició su puesta en
orden del PP sin pizca de carisma y llegó a obtener un carisma de los
más gordos, cuando ganó las elecciones por segunda vez, con una
cómoda mayoría.
Las oposiciones a registro y notariado son más complicadas que las oposiciones
a líder carismático, porque en aquéllas dependes de tu inteligencia
y de tu memoria, y, en cambio, en estas, depende del número de puñales
que te claven en la espalda los compañeros de partido.
Cada noche, antes de meterse en la cama, Mariano Rajoy le debe pedir a su esposa
que le saque cuidadosamente los puñales que le han ido clavando, durante
todo el día, porque los puñales se clavan más profundamente
al tenderte de espaldas. O recupera el carisma o le van a dejar la espalda como
el corazón de Jesús.
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| En nombre del
Islam eliminan el alcohol en un hotel de lujo
javier
otazu
el cairo (efe)
El
alcohol ha desaparecido de uno de los hoteles más
lujosos de El Cairo, el Grand Hyatt, último episodio
del puritanismo que va ganando la calle en esta ciudad
que un día fue cosmopolita y se quiso codear con
París.
El propietario de este hotel, con unas vistas inmejorables
pues está situado en la punta de una isla sobre
el Nilo, es el saudí Abdelziz Ibrahim, quien decidió unilateralmente
que en los doce restaurantes y varias cafeterías
del hotel ya no se servirá alcohol.
Ibrahim, que no hizo públicas sus razones ya protagonizó en
el pasado otros episodios de esta particular cruzada
contra el líquido del pecado, en concreto en Túnez.
El Restaurante giratorio que hizo famoso al hotel Grand
Hyatt porque desde el piso 41 da una vuelta completa
para que los comensales puedan ver la ciudad desde todos
sus ángulos, sirve ya sus cenas con cerveza 0/0
y zumos de naranja.
Según dijo a Efe la portavoz del ministerio de
Turismo, Hala al Jatib, es muy probable que la prohibición
acarree al hotel la pérdida de su categoría
de cinco estrellas, pues el reglamento hotelero en Egipto
especifica que los establecimientos de cuatro y cinco
estrellas “deben incluir” zonas donde se
sirve alcohol.
Sin embargo, especificó que su ministerio aún
no ha actuado contra el hotel porque debe esperar a que
alguna de las partes afectadas –que podrían
ser algunos operadores de turismo que se sientan afectados– lo
denuncie formalmente.
La medida no es provisional, sino que se ha aplicado
de forma definitiva, y también podría costarle
a Ibrahim el perder la marca Hyatt, según dijo
a Efe Sally Jatab, representante en Egipto de esta cadena
que tiene la casa madre en Chicago.
Jatab aseguró que es la primera vez que la cadena
se ve ante un caso similar: “Es cierto que nuestros
hoteles no sirven alcohol en países donde lo prohíbe
la ley, como Arabia Saudí, pero este no es el
caso de Egipto”.
El alcohol está prohibido en el Islam, y las interpretaciones
más rigurosas sostienen que esta prohibición
no se refiere sólo a su ingestión, sino
que incluye aspectos como fabricarlo, venderlo, servirlo,
transportarlo e incluso compartir mesa con quienes lo
consuman.
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