La influencia de Velázquez y Picasso en el arte universal
Se pone de relieve la importancia de Velázquez en otros artistas posteriores
jose oliva/barcelona (efe)
Los 400 años pasados desde que Velázquez pinta sus Meninas hasta que Picasso las reinterpreta han sido testigo, como constata desde ayer una muestra en el Museo Picasso, de la influencia del sevillano en la tradición pictórica española y a través de la mirada del malagueño en el arte universal.
En la exposición, que estará abierta al público hasta el 28 de septiembre, se exhiben cuatro lienzos de Velázquez, dos retratos de la reina Mariana de Austria y otros dos en los que aparecen las infantas Margarita María y María Teresa.
Confrontados a estas visiones impecablemente ejecutadas por Velázquez, a lo largo de la exposición el visitante va descubriendo más de una docena de los 58 lienzos que Picasso pintó en 1957 en su estudio de La Californie, en Cannes, y que el artista donó al museo barcelonés en 1968.
El propio Picasso explica su actitud frente al cuadro original en el momento de la copia y concluye: “y probaría a hacerlo a mi manera, olvidando a Velázquez”.
Varias salas están consagradas a esa relación íntima entre Velázquez y Picasso.
En un primer bloque, se pone de relieve la importancia de Velázquez en otros artistas de la tradición barroca de los siglos XVII y XVIII, como Juan Bautista Martínez del Mazo o Juan Carreño.
En la segunda parte se recogen numerosas interpretaciones contemporáneas que dialogan no ya sólo con la obra velazqueña, sino también y ostensiblemente con las interpretaciones que hizo Picasso a mediados del siglo XX.
El espejo, ese elemento simbólico e inquietante de Las Meninas originales es motivo de inspiración en obras tan dispares como La vista, del chileno Claudio Bravo; Las Meninas III (2001), de Michael Craig-Martin; o El último cuadro de Diego Velázquez (1968), de Giulio Paolini.
En otras ocasiones el elemento común es uno de los personajes del cuadro, como la infanta Margarita, más o menos legible en cuadros de Manolo Valdés, Dalí, Fermín Aguayo o Antonio Saura, o la reina Mariana de la escultura pop de Manolo Valdés.
Junto a referencias más conceptuales que visibles, como sucede en la escultura Homenaje a Las Meninas (1958), de Jorge Oteiza, en el recorrido expositivo se pueden contemplar auténticos homenajes como en los casos de Philippe Comar en su obra Las Meninas (1978) o de Joel-Peter Witkin y su Las Meninas. Nuevo México (1987). Comar construye una maqueta en la que propone al espectador viajar por el cuadro de Velázquez.