“Encontré una Iglesia adolescente y creo que dejo otra más adulta”
Juan del Río —Arzobispo castrense y ex obispo de Jerez—
manu garro/jerez
Juan del Río hace balance de sus ochos años al frente de la Diócesis, de la que se quiere ir sin adjetivos, pero reconociendo el legado que ha dejado, sobre todo la recuperación de La Cartuja, gracias a la colaboración de todo su equipo y afronta con ilusión su nuevo reto castrense.
—Ha pasado de ser el cura de los universitarios al arzobispo de los militares, ¿ya ha pensado qué almas son más difíciles de salvar?
—Hay que reconocer que los valores castrenses, como la obediencia, la lealtad, la fortaleza,... son valores netamente evangélicos y cristianos. Y en este sentido, creo que las raíces propias de los valores castrenses son raíces cristianas. Y, además, en el propio Evangelio es un centurión romano el que proclama en la cruz que Jesucristo en el Hijo de Dios y Jesucristo cura también a un soldado romano. En este sentido, el clima castrense ayuda mucho a la recepción del Evangelio, pero no hay que olvidar que hoy las Fuerzas Armadas son profesionales, con una alta preparación humanística, por lo cual el diálogo que yo mantenía en la Universidad Hispalense, el diálogo de culturas, también se puede cubrir. Creo que los años que he estado en la Universidad me van a ayudar a este nuevo ministerio que me ha encomendado la Iglesia.
—También el Ejército es más joven, al convertirse en parte en una alternativa laboral, por lo que casi va a estar como en casa...
—Sí, porque hay una base de juventud muy fuerte y muy preparada, con carreras. Y también creo que el acercamiento estos años como obispo de Jerez al mundo juvenil y el contacto diario me ayudará también a entrar en las familias. Y lo decía en mi mensaje a la familia castrense: quiero ser un instrumento de paz y de consuelo cuando, desgraciadamente, llegue el zarpazo de la violencia y del terrorismo, que son las grandes plagas del siglo XXI.
—Desde que usted llegó a Jerez, siempre se ha dicho que era un obispo de paso, pero ¿usted se esperaba que ese paso se dirigiera al mundo castrense?
—Nunca pasó por mi mente. Yo he estado hablando ahora mismo con un compañero obispo, a los cuales agradezco muchísimo las pruebas de afecto, y les decía que siempre me he sentido un obispo pastor. Por eso, cuando me llamó el nuncio el día 24, me quedé un poquito turbado y no pasé un buen fin de semana, estaba en silencio, callado, pero después de haberme entrevistado con el vicario ordinario militar, don Angel Cordero, que ha llevado este Arzobispado Castrense en estos once meses que se ha tardado en cubrirse, me ha explicado toda la labor de los capellanes y realmente quiero hacer constar el agradecimiento de los 156 capellanes que trabajan y, en especial, a aquellos que están destacados en misiones extranjeras. La convivencia con los soldados, los suboficiales, los oficiales es muy estrecha y hace una labor de ayuda no sólo espiritual y religiosa, sino también humanitaria muy importante.
—Este cargo, ¿cómo le va a cambiar a usted la vida? Porque me da la sensación de que usted no va a ser de los que se queden en los cuarteles, sino que irá a donde haya que ir y le veo recorriéndose medio mundo con las tropas...
—Ya le he dicho al vicario general que, una vez que tome posesión, comenzaré de inmediato las visitas pastorales por todos los lugares de la familia castrense. Lo tengo claro, yo me gastaré y me desgastaré por lo que creo, y como creo en el Evangelio de Jesucristo y sé que es la mejor riqueza que una persona puede tener en su corazón, pues haré lo que sé hacer, que es hablar de Jesucristo y de su Iglesia.
—¿Qué militar fue el primero en felicitarle por el cargo?
—No te podría decir, porque han sido tantos, y hay cartas que todavía están llegando hoy y que no he tenido ni tiempo de abrir. Sería muy difícil decirlo y no quiero equivocarme, porque me han llamado por teléfono, por e-mail, por telegrama, por carta,... Ha sido una respuesta de cariño muy amplia, hasta del Ministerio de Defensa. Y por eso quiero agradecer todas estas muestras de magnífica acogida.
—Por cierto, que va a tener que ‘tratar’, así entre comillas, con una ministra...
—Sí pero eso no es ningún inconveniente. Durante toda mi vida he tratado una pastoral integradora, donde hay hombres y mujeres, y curiosamente aquí he traído teólogas y este año ha venido a hablar en la Semana de la Teología que he organizado la mujer que ha llegado al cargo más alto posible en el Vaticano. Siempre he creído, y usted me conoce, que el hombre y la mujer son iguales en dignidad y pueden desempeñar magníficamente cualquier cargo.
—Empieza una nueva etapa, pero eso siempre conlleva un tiempo para hacer balance de su estancia en Jerez, ¿qué análisis haría de estos ocho años?¿Qué impresión se va a llevar?
—Yo me encontré una Iglesia todavía adolescente en su estructura y creo que dejo una Iglesia más adulta en su estructura administrativa y con conciencia de Diócesis. Las obras materiales que dejo, aunque sean muy significativas, no es lo que pesa más en mi balance, lo que pesa son las personas. Esos sacerdotes beneméritos que hay en esta Diócesis que han dado la vida por los pueblos, por las barriadas. Esas monjas de clausura que, a pesar de sus años, siguen fiel a los monasterios, esos seglares que colaboran con la Iglesia de forma altruista, porque la Iglesia no se podría mantener sin la colaboración de los laicos y, por eso, tengo un magnífico recuerdo de ellos. A mí no me gustaría que me recordaran por las obras materiales, porque son significativas, es verdad, pero no expresan esos ocho años que me he dedicado por entero, día por día, a esta Diócesis. Es más, mis amistades de Sevilla se quejan de que he ido poco por Sevilla e, incluso, he pensado que visité poco a mi madre, pero menos mal que era una buena madre y venía ella aquí a verme en lugar de ir yo a verla a ella. Habré acertado en unas cosas, habré errado en otras, por debilidad humana, y por eso pedí y sigo pidiendo disculpas si alguna vez fui piedra de escándalo para otros.
—Sabiendo que perdona de antemano a los que se equivocan, ¿qué es lo más negativo o lo que menos le ha gustado de su estancia en Jerez?
—Tengo una máxima de Juan XXIII: Ver más lo que une que lo que separa. Soy un hombre de comunicación, he publicado libros sobre la cultura del diálogo y siempre intento buscar más el diálogo y el acercamiento antes de acentuar la crispación o el desencuentro. Por eso, desde que entre aquí y me consagraron en la Catedral, vi que había muchos profesores y catedráticos que estaban alejados de la Iglesia y sin embargo estaban allí. Creo que soy un hombre de diálogo y por eso olvido lo negativo o los momentos difíciles, que los ha habido, y queda purificado mi corazón, que también me ha hecho más humano para entender las debilidades y las equivocaciones, porque no olvido lo de San Agustín: el pecado que ha cometido un hombre, lo puedes cometer tú.
—Hablaba antes de su legado y parte de él es el Palacio Bertemati. ¿Jerez ha llegado a entender lo que representa?
—Yo siempre he dicho que el gran don que ha dado a esta Diócesis y a su ministerio es poder salvar la Cartuja, no sólo como monumento, sino su vida contemplativa. En estos momentos de escasez vocacional, tener allí una comunidad de monjas, que además sigue el carisma cartujano, y que somos la envidia de todas las diócesis, eso es un gran regalo para esta Diócesis. Tuvieron muchas ofertas para irse, pero ellas se fiaron de este pobre obispo, porque no las conocía, y eso es más importante que la casa de la Iglesia, que se hizo con el consenso total de mis curas. Yo reuní a todos y no he hecho nada sin consultar ni consensuar. Es más, voy a dejar las obras de la Casa Sacerdotal y el nuevo Seminario a los curas, porque ellos me pidieron que lo hiciera. Y esas obras no se podrían haber hecho si no hubiera tenido un respaldo grande de mis colaboradores. Y con respecto a este palacio, las mentes estrechas y demagógicas pueden hacer la lectura que quieran, pero lo cierto es que yo me iré de aquí con los libros que tuve y mi ropa personal. Y esto se queda para Jerez, y totalmente pagado, y quienes lo van a disfrutar no soy yo, sino todos los jerezanos, porque además tengo una máxima: de donde salgo, no regreso.
—Respecto al patrimonio, ¿la asignatura pendiente puede haber sido Santiago y San Dionisio?
—Yo lo repito muchas veces, que Jerez sólo sea conocido por los vinos y los caballos, con el patrimonio tan fuerte que tiene, con este casco antiguo que es una preciosidad, esta arquitectura religiosa que la pueden disfrutar todos,... Los analfabetos históricos, como yo los llamo, pueden no valorar esto, pero el pueblo andaluz y jerezano ha crecido en valoración de su patrimonio. Otra cosa es que la Iglesia no puede mantener estas grandes obras. Santiago, y lo tengo que decir porque cada barco que aguante su vela, si no es por el empeño de Pilar Sánchez de hablarle al presidente Chaves, Santiago no se hubiese arreglado. Y si no hubiese sido por Juan Salido y la Plataforma concienciando a todos, no se habría hecho nada. Pero además a Santiago le queda una segunda fase, que como no se haga y haya una interrupción es como en el Evangelio, lo nuevo tira de lo viejo, aunque es cierto que se están haciendo gestiones para que se lleve a cabo esta segunda fase. Respecto a San Dionisio, ha tenido retrasos por culpa de la lentitud de las empresas, pero ahí está San Miguel, que se ha hecho, gracias a la colaboración entre la delegación de Cultura y la Diócesis y gracias a un hombre, Angel Romero, que 80 años ha llevado esa obra sin dar ruido y sin pedir nada. Jerez debería ser más agradecida con estas personas, porque yo al fin y al cabo me voy, pero todos deberían valorar más su patrimonio artístico. ¿Abrir las iglesias? Mañana mismo y 24 horas, pero quién paga eso, aunque abrirlas cuesta menos que un gran concierto que se organice.
—¿Y con la Catedral?
—Es un proyecto que se me queda pendiente, que era convertir toda la parte de la sacristía en una zona museística. De hecho, he dado los primeros pasos y ya se está haciendo el plan director de la Catedral, que son pasos que no se ven, pero que llevan mucho tiempo y que son imprescindibles, aunque le tocará a mi sucesor acabarla. Tengo claro que esta ciudad y esta Diócesis están llamadas a entenderse, por el bien del propio pueblo de Jerez, porque es tal el patrimonio que hay que lo debe disfrutar el pueblo y la mejor forma que tiene la Iglesia de evangelizar hoy en día es a través de su patrimonio y de su cultura, porque ya muchos niños no tienen una cultura cristiana y ya no saben ni interpretar un retablo, ni saben quién es Abraham o San Rafael. Simplemente por cultura debemos conocer nuestra cultura.
—En septiembre toma posesión de su cargo pero va a compaginar ambos cargos, ¿cómo lo va a hacer, estando en todas partes como Jesucristo?
—No es muy complicado, porque esta Diócesis, y en concreto la curia y el equipo de Gobierno, es un magnífico grupo al que doy gracias a Dios por haberlo tenido, porque sin él ni la Cartuja, ni Bertemati, ni el centro de acogida, ni el Salvador se hubieran hecho. Funcionan como un reloj y son sacerdotes que no han pedido nada y cuando los nombro me emociono, porque han sido para mí más que hermanos. Y ellos van a seguir funcionando y tomando decisiones, además hoy en día hay muchas comunicaciones, Jerez está muy bien comunicada, están las nuevas tecnologías y yo vendré mucho por esta parte, porque está la Base de Rota y hay de ocho a diez capellanes.
—Aunque en parte ha contestado antes, monseñor Bellido Caro es recordado como el obispo de los pobres, en dos palabras, ¿qué idea la gustaría que quedara de recuerdo de usted?
—Yo soy Juan. No me gustan los adjetivos, porque después se manejan. Prefiero que me recuerden como me presenté: Soy Juan.
—Dice que cuando se va de un sitio no vuelve, pero ¿no volverá?
—Tengo que hacerlo porque ahí está Rota. No, yo prefiero respetar a cada uno, porque cada maestrillo tiene su librillo y, en ese sentido, soy muy respetuoso y no me gustan las comparaciones. Cada hombre somos fruto de nuestra historia, de la psicología, de la preparación y del ambiente histórico que nos ha tocado vivir. No es lo mismo el siglo XXI que cuando comenzó esta Diócesis. El debate hoy no es tanto social, sino de ideas. Yo he tenido que salir, y ahí están mis escritos que he publico en Información y quiero agradecer la acogida que siempre ha dispensado tu periódico, tú y Gabriel Alvarez a este obispo y a la Diócesis, y quiero que lo pongas, y he tenido que ser un obispo más de diálogo con el tema de las ideas, porque no hay que olvidar que las ideas de hoy son la praxis de mañana. Yo me he tenido que mover más en ese campo, porque las exigencias sociales que había en los años 80 hoy, a Dios gracias, se han cubierto, pese a la crisis. Cada pastor somos hijos de la época histórica que nos ha tocado vivir y aquí han salido grandes ideas y yo he salido a poner lo que piensa la Iglesia de esas ideas, con respeto, escuchando al otro pero también pidiendo que el otro me escuche a mí.
“No habrá nuevas hermandades o coronaciones”
— En el Ejército no hay hermandades, ¿será un descanso?
— Sí las hay...
— ... no se libra de ellas...
— Hay una hermandad del Rocío castrense en Sevilla, en Málaga la de la Buena Muerte y otra en Melilla.
— ¿Va a descansar no de lo que representa la Semana Santa, sino de lo que se llama ‘mundillo cofrade’?
— Una cosa es la religiosidad popular y otra ese mundillo cofrade. Y bueno sí, pero tendré otras cosas porque problemas hay en todos los sitios.
— Pero ese mundillo me dice que le pregunte si ¿va a haber alguna sorpresa con alguna asociación parroquial que se convierta en hermandad antes de irse?
— Ahora mismo no. Quiera o no quiera he dejado de ser el obispo de Asidonia-Jerez y sólo soy administrador apostólico y por eso no puedo tomar decisiones fuertes como son crear nuevas hermandades.
— Por lo que deduzco que la Coronación de la Virgen del Valle en noviembre será la última que haga...
— Por lo pronto no hay autorizada ninguna otra y, de hecho, sólo hay un dossier aquí. No hay una cola para coronar, la única petición formal que hay es la Virgen de la Estrella.
— ... que deberá esperar...
— Sí, por supuesto.