Veinticinco horas al día
Dice la Organización Mundial de la Salud, que debemos comer
todos los días una manzana por su contenido en hierro, un
plátano por su abundante potasio, una naranja por su riqueza
en vitamina C y una pera por su cuantiosa fibra. Naturalmente estos
consejos se administran al personal con el fin de proporcionarnos
una correcta alimentación.
Haciendo números al precio que está la fruta, una
familia de cinco miembros necesita diez o doce euros diarios para
preservar el cuerpo. Con lo cual, si a un sueldo de los de hoy
añadimos al gasto de fruta, el cargo de la hipoteca, la
tarjeta del Carrefú, el agua, la luz, el butano, los móviles,
el canal plus, internet, el recibo de la peña y el del Nazareno,
ya falta dinero. Pero bueno, para eso están ahí los
bancos. El asunto es cuidarse, que da envidia ver por Pery Junquera
a esos puretas en calzonas marcándose sus diez kilómetros
a ritmo de maratón como el que no quiere la cosa y, la verdad,
a uno también le gustaría llegar a los sesenta con
la misma forma física de Gebrselassie.
La recomendación no acaba en lo de la fruta; que va. Si
fuera así esto sería un chollo. La sugerencia viene
complementada por un plan de acción que se las trae porque
esa gente de la OMS dice también que hay que tomar todos
los días una taza de té verde para prevenir la diabetes
y tres litros de agua para hidratar el organismo. Con el tiempo
que lleva beber y mear tanta agua…
Se aconseja también tomar una botellita de lactobacillus
casei que, aunque nadie sabe para qué sirve, queda uno de
puta madre al referirlo ante los amigos. Una aspirina por las mañanas
para prevenir infartos, una lata de cerveza para el metabolismo
y una copita de vino fino para los nervios. El Red Bull sólo
se sugiere en caso de decaimiento porque es adictivo, así pues
hay que escuchar música marchosa y hacer algo de yoga para
evitar bajonazos morales. Es recomendable darle caña en
cantidad al ajo y la soja para eliminar el colesterol, comer mucho
tomate como antioxidante y zamparse una buena berenjena a media
mañana para mejorar la circulación. Recomiendan hacer
cinco comidas hipocalóricas masticando cada bocado hasta
pulverizarlo y lavarse los dientes tras ingerir cualquier alimento.
O sea; plátano, lavado de dientes; manzana, lavado de dientes;
pera, naranja, casei, soja, tomate, berenjena… lavado de
dientes; y así mientras tengas dientes. Ojo, con su correspondiente
enjuague bucal gárgaras incluidas. Yo ya tengo mi cuarto
de baño con su hilo musical, su pantalla de plasma, su revistero
y su aire acondicionado, porque entre tanto líquido, tanta
fibra y tanto lavado de dientes me paso medio día visitando
a Roca.
A todos estos consejos alimenticios, hay que añadir otra
serie de normas para llegar a viejo en buen estado de uso. Aparte
de las cinco horas que ya hemos gastado en comer y lavarnos los
dientes, hay que dedicar otras ocho al sueño, dos a la siesta,
dos a la tele y dos al ordenador. Una para leer la prensa, otra
para los amigos y una más para visitar a la familia. También
hay que cocinar, lavar, planchar, limpiar, fregar, bajar al perro
y estar siempre activo. Además hay que tener sexo todos
los días. Del bueno: creador, imaginativo y sin prisas.
Sin contar la dedicación a los hijos, a mí me salen
veinticinco horas y sin trabajar.
Yo ahora me voy del tirón para el cuarto de baño
porque la fibra y el agua están haciendo efecto. A ver si
mientras tanto aprovecho para comerme el resto de la dieta, ver
la tele y leer. Así podré sacar algo de tiempo para
trabajar porque me da a mí que esta gente de la OMS no ha
tenido en cuenta que en este mundo, si no dispones de dinero, cuidar
la salud es más difícil que hacerle cosquillas a
un piojo.
P. F.