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El ciclo llega a su fin con el arte del elenco por bandera

Los tres cantaores dieron una buena medida de sus posibilidades –Momo, José Méndez y Fernando de la Morena–, con un bailaor, Carlos Carbonell, que distrajo, y dos guitarras que alegraron con sus toques.

Por Luis Román Fotos Jesús Navas
La finalización de los Viernes Flamenco en el Cine Astoria cumplió los vaticinios que se formularon antes del inicio de esa conclusión, protagonizada por Juan José Fajardo Moneo Momo, José Méndez, Carlos Carbonell y Fernando de la Morena. Los artistas estuvieron bien –unos mejor que otros, como es obvio–, adaptándose a las exigencias generales que demandan estos recitales veraniegos de Jerez.
El primer artista en subir al tablao fue un representante de la familia de los Moneo, que dejó en el aire ese magistral sello, inconfundible siempre. Momo luce el cante con la credibilidad de su entrega. Es responsable en su cometido, con una conciencia clara de cómo debe actuar un cantaor que se precie: con rasgo auténtico, sabiendo encontrar lo que guarda en su interior y poniéndolo al servicio del público. Acompañado a la guitarra por Antonio Jero, tocaor oficial en la noche del pasado viernes, intervino en primer lugar para hacer soleá, a la que siguieron seguiriya, fandangos y, por último, bulerías. Antonio Jero arropa bien el cante, sacándole a la guitarra pinceladas de gran sabor jerezano.
José Méndez es otro miembro de un clan asolerado y prestigioso. Baste recordar que es sobrino de la inolvidable Paquera y eso, quiera que no, imprime carácter. Secundado a las seis cuerdas por Antonio Higuero, hizo un total de cinco palos, con una entrada por malagueña, a la que continuó la soleá por bulería, un taranto, los fandangos en penúltima instancia, para acabar, por supuesto, por bulerías, en las que bailó El Zorri. José tiene una capacidad vocal limitada, pero ello no obsta para que logre decir el cante con sabor. A la postre esto siempre es lo más importante. Antonio Higuero, a diferencia del primer viernes –cuando entonces la crónica de este medio indicaba que su actuación había estado presidida por la irregularidad– marcó una brillante interpretación.
La segunda parte la abrió el número de baile. El artista de San Fernando Carlos Carbonell, acompañado por Juanillorro, Manuel Soto, Ismael Heredia o Niño Manuel, acometió una función compuesta por seguiriyas y jaleos. El desarrollo de sus números hicieron de su paso por el Astoria un elogiado tributo a la entrega. Así lo reconoció el respetable, que aplaudió al bailaor isleño y éste salió satisfecho de su paso por Jerez, un escollo que, en ocasiones, supone cierta dificultad para los artistas.
El final de los Viernes Flamenco lo protagoniza el también jerezano Fernando de la Morena, acompañado por Antonio Jero. Es un cantaor de una capacidad expresiva muy singular, con aires que delatan una procedencia de gran calado flamenco. Es una persona que conoce a fondo los entresijos del duende artístico, sacándolo a relucir casi cuando quiere. Dominar a voluntad lo que a otros muchos les cuesta un mundo es una pequeña –o gran– ventaja para quien, con unos entregados estilos de soleá, fandangos, seguiriyas o bulerías, controla la situación, haciendo que la gente cumpla con el ritual del dolor y la alegría, conjugadas y fusionadas en una sola persona, que se erige, circunstancialmente, en portavoz de un sentimiento arraigado y colectivo, seña de la identidad de un pueblo que se reconoce en esos sones flamencos de tanta angustia a veces, de tan rica dulzura y felicidad otras.
En resumen: unos viernes que han tenido de todo: cosas positivas y negativas; altos y bajos; aciertos y errores; luces y sombres. No ha sido mala esta edición, haciendo abstracción de los detalles, aunque aún estamos lejos de conseguir una satisfacción razonablemente alta.