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de Maro

Arreglar la economía

Conste que no es por sembrar alarma, pero los datos sobre la economía –perdone que insista–, no son como bailar sevillanas.
Entrar en los porqués de esta situación nos llevaría directamente al surrealismo, como por ejemplo aumentar los subsidios y los gastos públicos para crear clientela, que no riqueza. Dado esto por sentado como principio de lo que nos ocurre y que nos deja en desventaja para competir en los mercados mundiales, no se entrevé ninguna alternativa válida para salir del bache profundísimo donde estamos y que durante la precampaña, la campaña y la postcampaña nos ha ido engañado el PSOE, hasta que por fin Solbes ha cantado la gallina, naturalmente con la boca chica y mascullando, que como él suele expresarse; no se conoce a nadie que hable mejor entre dientes.
Si para arreglar la situación que atravesamos se la encomendáramos a una sencilla ama de casa, diría: “No podemos gastar más de lo que ingresamos, así que todos tenemos que apretarnos el cinturón”. ¡Qué cosa más tonta!, diría el sesudo economista. ¡Qué cosa más obvia!, diría el sensato ciudadano. Pues mire usted: se equivocan. A la vista de lo que están haciendo el Gobierno central y los autonómicos regidos por el PSOE, la crisis van a salvarla aumentando los sueldos de sus altos cargos y asesores. Esto no quiere decir que el PP y demás siglas, todos compañeros mártires unidos por las nóminas, no estén haciendo lo propio, ya que pueden.
De momento, si empezamos por Andalucía podemos decir que es la autonomía con mayor número de consejerías, 15. Si a esto se le suma la lista interminable de altos cargos entre viceconsejeros, directores generales, secretarios generales técnicos y delegados provinciales, podría comprobarse que 20 estrenaron puesto de trabajo, que unidos a los que ya había, forman un buen batallón. Esto referido sólo a los que llevan galones, figúrese la tropa que viene detrás.
El gobierno de Extremadura, para paliar la cosa, se ha inventado la creación de cinco empresas públicas con directivos de libre designación, ¡pobrecillos, dónde iban a colocarlos si no! Se sospecha que todos estos nuevos genios tienen el carné en la boca, lo cual no es que sea imprescindible, como usted podrá suponer, pero ¿a que adorna bastante si los tienen sujetos con los dientes? Necesariamente, por razones patentes, les obliga a forzar la sonrisa. Del personal subalterno no se dice si será por rigurosa oposición o por el mismo procedimiento que han elegido a los mandamases.
Decía al principio que como es casi imposible entrar en detalles y más aún remontarse al origen de las mamandurrias, también hay que dar por seguro que la economía se salvará con estos nombramientos, sin duda necesarios y providenciales, acumulando cargos en este sector tan productivo para los ungidos.
Para qué abundar en más ejemplos, basta con reseñar que el gobierno de Aragón, presidido por el socialista Marcelino Iglesias (ese del no al trasvase del Ebro. Ja. Ja. Ja.), bueno, pues ese, ya ha aprobado en los presupuestos de su comunidad un aumento del 30 por ciento para personal eventual, cargos de confianza y asesores, seguro que para llevar cubos de agua a Barcelona. Y todo en ese plan.
No vale la pena seguir, porque hacerlo sería barrenar en la herida que, evidentemente no se cura con los cuatrocientos euros que no serán cuatrocientos, con los incentivos para que los estudiantes pasotas vayan a clase, para indiscriminar las becas, para seguir pensando en que la reconversión de los desempleados del ladrillo tiene que pasar por las obras públicas sin mirar los presupuestos, porque de otra forma, repatriando a los excedentes de mano de obra costaría mucho más caro, no sólo en dinero de bolsillo, sino en dárselo a manos llenas a los países de donde vinieron, o mejor, a los sátrapas que rigen esos países, que es lo que suele pasar con ese dinero, no en balde está acuñado el pensamiento de que “dar dinero a los gobernantes sobre la base de la pobreza de sus súbditos remunera las políticas del empobrecimiento”. A esos gobernantes les conviene la pobreza: viven de ella lo mismo que aquí pasa con los políticos con carné y poca vergüenza.

F. C.

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