El
cercano futuro de Javier Durá
Hay gestos que, por separado, no tienen mucha interpretación,
pero que mirándolos globalmente comienzan a
tomar forma. Es el caso del futuro del edil del PP
Javier Durá y su consolidación como referente
del partido a nivel local. Si ya en su día se
ha dicho en este periódico que suena para ser
el próximo presidente local, ha hecho de portavoz
en muchos plenos y el viernes acudió en nombre
del PP a la comisión de urbanismo para analizar
las alegaciones del PGOU. Si a eso se le añade
que en Feria María José García-Pelayo
aseguró en un debate, cuando le preguntaron
sobre el futuro político de Durá, que
tiene “un futuro muy cercano”, cabe imaginar
que el ascenso del edil es más que una realidad.
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Movida
sin alternativa
No tienen suerte las propuestas
de movida alternativa que se han venido organizando
en el Lora Tamayo para los jóvenes. La primera
se suspendió por la lluvia y la celebrada el
pasado viernes se tuvo que volver a suspender sobre
las dos de la madrugada por culpa también de
una tromba de agua. El mal tiempo deja a la movida
sin alternativas.
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| Rocío:
acontecimiento y presencia
Juan del Río Martín
Obispado de Asidonia - Jerez
Cuando llega el domingo de Pentecostés la aldea almonteña
del Rocío se convierte en uno de los escenarios mariano
más universalmente conocidos. Hasta allí llegarán
romeros y peregrinos procedentes de toda la geografía
española, especialmente de Andalucía, y no
faltará la presencia de devotos rocieros provenientes
de otras partes del mundo. Estamos ante un hecho netamente
cristiano, más en concreto católico, aquellos
que participan desde las claves de la fe de la Iglesia son
los que hacen un verdadero Rocío.
Ahora bien, el público congregado lo forma desde el
católico practicante hasta el menos asiduo a los deberes
cristianos, desde aquellos que dicen no querer saber nada
de la Iglesia, hasta el escéptico o el ateo de moda.
Unos dirán que van por amor y devoción a la
Virgen, otros porque le interesan los eventos antropológicos
y periodísticos, también estarán los
apasionados del Camino que todo lo quieren explicar desde
las excelencias de la madre naturaleza, no faltarán
los amantes del fin de semana y los que buscan siempre pasárselo
bien que hablarán de la exuberancia festiva de esos
días. Todos asisten al Rocío, pero eso no quiere
decir que todos hagan el Rocío.
Poniendo nuestra mirada en el primer Pentecostés vemos
que también se concentraron una masa de gente tan
diversa como: “partos, medos, elamitas…judíos,
cretenses y árabes... creyentes venidos de muchas
naciones” (Hech 2,8ss). Todos se vieron sorprendidos
por el acaecimiento de la venida del Espíritu Santo.
Pero unos se admiraban “estupefactos y perplejos” y
otros en cambio se burlaban de lo sucedido diciendo que los
apóstoles “estaban borrachos” (Hech 2,12-13).
Eso que ocurrió al inicio del cristianismo sucede en cada conversión
personal y en cada manifestación religiosa, para unos serán signo
de la grandeza de Dios y otros pasarán del tema. Esa muchedumbre del Pentecostés
rociero está formada por personas con su historia de “gracia y pecado”,
que poseen unos sentimientos determinados y anhelan algo que muchas veces no
saben expresar. Cada una de ellas participa a su nivel de la celebración
cristiana de María Esposa del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.
Algunos estudiosos ha gustado llamar al Rocío: “La Religión
del Pueblo” (Mons. Rosendo Álvarez) o “La fe de la orla del
manto” (J. Infante-Galan), en alusión al pasaje evangélico
de Mateo 9,21.
Hermandades, romería, camino, ermita todo conduce a una presencia bienhechora:
La Virgen del Rocío. Esa imagen bendita se nos presenta con su imponente
mansedumbre y natural majestad, toda vestida de joyas, flores, brocados y oro
que nos traslada a la descripción que hace el Salmo 44 de la escogida
para las nupcias del Rey. Su vivo hieratismo da al icono un intenso y supremo
valor religioso, poseyendo un cierto fulgor que asemeja a las más perfectas
creaciones de la iconografía sacra del Oriente cristiano. Toda ella es
un retablo para mostrarnos a Jesucristo, de esa manera revela un alto concepto
teológico de la Virgen como sede de Dios. Si nos fijamos bien, en esta
rica iconografía, se produce siempre una triple mirada: el cristiano rociero
reza y contempla el rostro de Santa María de las Rocinas, ella con su
dulce mirada baja, nos lleva al Divino Pastorcito y Él, mira con sonrisa
salvadora a todo aquel que suplica por intercesión de su santa Madre.
El secreto del Rocío no es otro que la Virgen que con su presencia bendita
transforma el acontecimiento sociológico de cada lunes de Pentecostés.
Su rostro hermosísimo refleja la belleza de la redención de su
Hijo que da sentido al vivir rociero de todo el año. ¿Quién
descubre esto? Los sencillos de corazón, como nos dijo Jesús: “Te
doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has dado a conocer a los sencillos” (Mt
11,25).
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