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Gallineras
Dicen los socialistas que el proyecto que mandó el Ayuntamiento para que le dieran el dinero del Plan Urban a Gallineras estaba mal hecho, así que lo relegaron a los últimos puestos; o sea, a los puestos que no trincan. Y eso lo explicó María Jesús Castro, que sabe una jartá de proyectos mal hechos desde que el Ayuntamiento los mandaba a Felipe González en “tres páginas” y luego a José María Aznar, lo mismo pero a través de los catalanes que al final tampoco consiguieron nada porque La Isla no era una isla, según Juan Costa, con lo cual nos quedamos todos como el que se tragó el cazo
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Y dice
Además el PSOE quiere que De Bernardo le pida al Gobierno las causas de que lo tumbaran y que las haga públicas, que son ganas de enredar las cosas y trabajar doble. Porque miren ustedes, si el PSOE y la senadora Castro saben hasta en qué puesto quedó y los motivos por los que no salió, es que tienen las causas de los coones. Pues que las enseñen y ya está.
O lo mismo
Es que Gallineras tampoco es Gallineras. Como La Isla.
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Prohido crispar
Pablo Garrido Sánchez
El hombre va al banco con una cantidad importante en pesetas, y cuando comprueba la libreta lee: debe haber. Inmediatamente pregunta enfadado, ¿cómo dice aquí que debe haber? La diferencia con lo que está pasando es que no se ve a nadie a quien le podamos reclamar, aunque lo que nos parecía tener ha quedado devaluado, lo que tenía un valor ya no lo tiene. Los diez millones de españoles que han invertido su dinero en fondos con parte de renta variable, o los que directamente invirtieron en bolsa, han podido ver reducido su inversión a la mitad en poco tiempo. Lo del petróleo para justificar nuestra situación que se agrava cada día que pasa, no deja de ser una verdad a medias. En situaciones como estas podemos darnos cuenta del valor real de las cosas. Cuando se entiende que el Gobierno puede disponer a su antojo del dinero recaudado a través de los impuestos, considerando que ese dinero no es de nadie, se incurre en una gran torpeza que pagamos muy caro. Las ayudas sociales, lo serán realmente en la medida que no provoquen más endeudamiento del Estado. En nuestro caso la situación es muy delicada, pues el famoso superávit en los presupuestos ya no existe y la balanza de pagos por deuda externa es la más abultada de los países desarrollados. Para colmo, el Gobierno sigue empeñado en utilizar el dinero público para prácticas de amiguismo político mediante la compra de suelo con destino a no se sabe qué constructoras. El ministro de Trabajo, por su parte, ofrece una fórmula genial para reducir el paro, y la cosa consiste en volverlos a contratar en las oficinas de empleo.
Ante todo este panorama, la oposición mantiene un comportamiento versallesco. Convencida, la oposición, de su poder para crispar y amonestada por tal osadía, no se permite a sí misma ir más allá de sucintas declaraciones con toda la corrección expresiva de acuerdo con el nuevo plan estratégico de hacer oposición. Ni que en la legislatura anterior la oposición rompiese algún plato. Imaginemos por un momento que los papeles en la actual situación los jugasen a la inversa: gobernase la derecha y los socialistas estuviesen en la oposición; en ese caso tendríamos las movilizaciones sociales que el momento requiere, pero la derecha en la oposición es muy educada. No hace falta realizar un gran esfuerzo para recordar la reacción de la izquierda con lo del Prestige; entonces el chapapote aparecía por toneladas, todos los días, en toda la cornisa cantábrica. Terminales mediáticos, cualquier político de la izquierda con el apoyo de los beneficiados del mundo del espectáculo mantuvieron vivo aquel suceso con los niveles convenientes de exageración para desgastar al Gobierno de la derecha todo lo posible. En aquellos días los pronósticos de la izquierda eran de desastre, de tragedia, de caos total: los criaderos de marisco no iban a estar a punto hasta dentro de muchos años; afortunadamente la cosa no ha sido así, y hace tiempo que comemos excelentes mejillones gallegos. Pero la derecha es muy educada, recatada y comedida: le han dicho que crispa y eso no se puede volver a producir.
Por supuesto que la economía no lo es todo en la vida de una nación, ni de una región o de una familia, pero a nadie se le escapa la cantidad de factores que dependen de un sueldo, de la capacidad adquisitiva o del patrimonio acumulado a lo largo de los años; por eso ningún grupo político o gobierno de turno puede actuar como aprendiz de brujo, en lo que se refiere a la administración del dinero que pertenece al conjunto de los españoles. Un gobierno que no sabe controlar la inflación expone a todos los ciudadanos a una merma continua del poder adquisitivo. La inflación de la que se nos ofrecen índices por debajo de la realidad es la manera que tiene el funcionamiento económico de robarnos por la noche lo que, con esfuerzo y laboriosidad, se consiguió en la jornada de trabajo.
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