A cuestas con la crisis
La verdad es que ya no sé si existe o no la tan cacareada crisis. Algo debe de existir, está claro, ahora bien tanto como para ponernos acojonados con el dichoso tema, creo que no. Pero claro, no paran de recordarnos que lo peor está aún por venir. Bueno, pues bien, pero deje usted ya señor Solbes de azuzarnos y de ponernos los mismos de corbata que su sitio es donde siempre estuvieron, en el escroto. Mire usted, mi generación no se asusta ya de nada pero si de verdad está presente una crisis –al parecer bien grave– lo que tiene usted que hacer es remediarla, que tiempo tiene, y nos deja la economía, al menos, en el mismo lugar que marcaba el “económetro político” cuando gobernó la derecha. Entre otras cosas no jubilen a trabajadores con cincuenta y muy pocos años. Esta medida, está claro, no hace engrosar las filas de desempleados, pero aumentan las obligaciones con la clase pasiva. También dejen de prometer ayudas casi sin venir a cuento, nacidas en pre campañas electorales y que más tarde tienen que hacer frente en plan ditero… Así como así una y mil cosas. En fin que no todo lo provoca el petróleo, la guerra de Irak o el ladrillo; ya el daño está hecho, pero que sepan todos que uno de los países europeos que hasta el momento ha sentido más la dichosa crisis es, por lo visto, España.
Ya hay quienes hablan de crisis de pánico que provocan, sobre todo en las mujeres, sudoración, fuertes dolores en el pecho, temblores, mareos, incluso hormigueo y nauseas, todo como consecuencia de las incertidumbres con respecto a la crisis. Estas crisis personales las debe de curar el médico; son las crisis nacidas de la otra crisis, la económica. La otra, la general, la que hemos de sufrir todos los españoles no sé, de verdad, cómo se debe de atajar; con paciencia y espíritu de sacrificio desde luego.
No soy, ni mucho menos, un experto en economía, si es que sé algo de ella es a nivel de casa; la macroeconomía es ya otra cosa. Esto puede que provoque en mí una incertidumbre manifiesta contra los políticos. En mi casa se ha notado en la cesta de la compra. Mi mujer siempre dice que “antes” con ciento cincuenta euros traía a casa muchos más artículos alimenticios que ahora. Pongamos que esa misma compra, a título de ejemplo, nos cueste diez euros más que multiplicado por cuatro cestas al mes la suma resultante no es para morir de un infarto. Claro que en el caso de matrimonios jóvenes con hipotecas a su cargo eso ya es harina de otro costal. Ahí es donde duele, se tendría que hacer algo para que los bancos no siguieran subiendo los tipos de interés.
Nos engañan del tirón y nos consuelan a cuentagotas. Me explico, lo mejor son los análisis que hacen en las tertulias afines a estos temas económicos: “los datos que desveló Solbes, no hace mucho, no son tan malos, podrían ser peores”. Digo yo, el que no se consuela es por que no quiere. De todas formas hay que dormir tranquilos. ¡Qué remedio nos queda! Nunca nos avisarán en el momento en que ya manejen las previsiones. Habrá que informarse en otras fuentes que ya pronostican que la inflación llegará a un 5,87 % en agosto.
En definitiva, comienzo a pensar que la crisis en verdad existe y que la misma beneficiará a más de un especulador que ya, antes que nadie, advertían que la crisis estaba en la puerta.
Yo digo que hay que creer algo, no todo, porque cuando el río suena agua o piedras lleva.
a. m. r.