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de Maro

El estado por encima de las ideologías

Cada vez que los dos principales dirigentes políticos de un país se reúnen, las expectativas suelen superar a la realidad, ya que quien gobierna espera de su rival que le tienda la mano para solventar los problemas que hay encima de la mesa, en este caso especialmente la crisis económica, mientras que desde la oposición se confía que el Ejecutivo asuma sus errores y rectifique en la línea que él considera acertada, lo que hace que el encuentro siempre sea más descafeinado que positivo, ya que obviamente ninguna de las dos partes va a ceder a los intereses de la contraria. Sin embargo, la primera reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy desde las últimas elecciones de marzo ha tenido un punto especial que, en gran medida, ha servido para salvar este acto protocolario: se ha llegado al mismo sin el clima de tensión y enfrentamiento que caracterizaron las anteriores reuniones. Es cierto que las posturas entre ambos están muy distintas, que la visión de cada uno sobre la crisis económica son prácticamente antagónicas, pero también es verdad que en otras cuestiones de Estado, como el terrorismo o la justicia, la posibilidad de un acercamiento o de un consenso ha sido factible, y eso en este país es algo más que un paso adelante, es un signo de esa normalización política que la inmensa mayoría de los españoles venía reclamando desde hace mucho tiempo.
Por supuesto que hay diferencias ideológicas, como se vio ayer, pero también se pudo observar que existe una mayor responsabilidad por ambas partes para afrontar cuestiones determinantes para el normal desarrollo del país. De ahí que se haya cerrado ese principio de acuerdo para desbloquear la situación del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional para renovar a los cargos que quedaban pendientes. Un asunto muy importante, aunque pueda quedar algo lejano de la opinión pública, que debe ayudar no sólo a dar una normalidad que no existía hasta ahora, sino a poner fin a esa confrontación política que se quería dilucidar en estos órganos judiciales. De la misma manera se ha puesto las bases para un mayor consenso en todo lo referente al terrorismo que, al igual que sucedía con la justicia, tiene que dejar de ser un arma arrojadiza entre el PSOE y el PP, para beneficio de los propios etarras y de sus acólitos, y convertirse en una estrategia común que permita no sólo poner fin a esta lacra asesina, sino transmitir a todos los ciudadanos y a la opinión pública internacional una imagen de unidad y de firmeza, sin fisuras y sin reproches mutuos, que dé esa confianza que faltaba para saber que es un problema que se puede solventar entre todos.
Otra cuestión muy distinta es el tema de la crisis económica, donde no sólo se ha evidenciado las diferencias, sino que se ha dejado claro que existen dos puntos de vista muy dispares sobre lo que hay que hacer. Pero esto es algo lógico y por eso tiene el valor que debe tener, uno que no empaña que, por fin, PSOE y PP, PP y PSOE, han dado los pasos necesarios para discrepar desde el consenso de lo que debe ser un Estado.

     
 
     
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