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El ‘pool’ también ofrece problemas
Que la Operación Paso del Estrecho marcha muy bien es un hecho constatable, pues apenas se han registrado -hasta ahora- incidentes ni horas de espera para embarcar. Sin embargo, el intercambio de billetes, el llamado pool, entre compañías sí que está dando para algún pequeño lío. Y es que cada unas de las navieras quieren embarcar cuantos más coches mejor, como el pasado sábado, donde Baleària se quedó durante un momento al margen del reparto. Este libre albedrío originó problemas pues personas que habían comprado el billete para uno de los barcos rápidos fueron metidos en los tradicionales ferrys, mucho más lentos y sobretodo, algo más baratos.
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Hoy hace un año...
Hoy hace un año cantaba en La Línea Isabel Pantoja en el Teatro Municipal y fallecía el presidente del Grupo Prisa, Jesús de Polanco.
Corte de luz y donación de sangre
La barriada de La Bajadilla estuvo sin luz desde las 08.00 hasta las 14.00 horas por la reparación del transformador. Por otro lado, San Roque (mañana) y Tarifa (día 24) recibirán la visita del Centro Regional de Transfusiones sanguíneas para recoger donaciones de sangre
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Recuerdo y olvido
Mª José Moreno Palomares
A través de las sensaciones, recuerdo y olvido, vamos confeccionando el argumento de nuestra propia historia. En mi opinión, el recuerdo es una clara manifestación de agradecimiento y, sin embargo, el olvido se convierte en una forma de expresar el desafecto. A lo largo de nuestra vida, nos pasamos mucho tiempo recordando y, también sin darnos cuenta, olvidando a seres que han sido muy importantes en etapas anteriores de nuestra existencia. Son personas de las que hemos aprendido mucho y tenemos que dejar que el ejemplo de sus vidas sigan llenando nuestros corazones.
En mi vida existen personas que no han perdido su voz de convocatoria. Son personas que han pasado a mejor vida y que seguro estarán con Dios en el cielo. Recordarlas día a día las convierte en muchas ocasiones en el motor de mi existencia. No puedo negar que se hace cuesta arriba conseguirlo. En algunos momentos me traicionan los malos sentimientos y me empeño en defender la teoría de que, a pesar de todo, lo que aún me aporta es poco y necesito el cariño de su presencia. Sin dicha presencia, se hace muy difícil seguir manteniendo en el recuerdo la belleza de lo vivido y deseo directamente conformarme con el olvido.
Pero la vida misma me ha ido demostrando que esta idea es una postura cómoda e inútil. Quién ante una ausencia mira hacia adelante tratando de anular los buenos recuerdos que le vinculan al pasado, indica sólo pobreza de espíritu, simpleza.
Creo que los seres humanos necesitamos ser más indulgentes con los sentimientos y deberíamos considerarlos como una riqueza del mundo interior y no debemos permitirles que nos jueguen una mala pasada. No es bueno que el paso del tiempo nos robe aquello que fue tan hermoso y llenó nuestra alma de íntimas alegrías.
Muchos opinan que dar carpetazo y olvidar con todas sus consecuencias es la única solución a la añoranza. Creen que es de la única manera que pueden encontrar la estabilidad. Hay que olvidar todo lo malo pero, de cualquier relación humana, seguro podemos extraer muchos detalles que, buenos o malos, pueden ayudarnos a reconstruir día a día nuestra vida. Traer a nuestra memoria personas, momentos, circunstancias, etc. es desde mi punto de vista una clara valoración de la realidad y un impulso para afrontar el futuro.
Esta valoración pasa por haber tratado intensamente a las personas sin haber saltado demasiado deprisa por encima de ellas; trata de no infravalorar momentos que merecen tener un lugar en nuestra memoria y, por supuesto, en el corazón de cada uno de nosotros. Cuando un ser humano deja que todo esto actúe, se inicia un itinerario biográfico entrañablemente humano.
Dicho itinerario nos hará ver qué es lo mejor y lo peor de nuestro pasado y de nuestro presente y cómo podemos encauzar el futuro apasionante que nos espera. Olvidar a seres queridos para evitar el sufrimiento personal es contraproducente y una actitud egoísta. Por otro lado, reconozco que recordar todo lo entrañablemente humano de una vida es un ejercicio que nos hará sufrir. Nos acercará a extrañar la presencia física de los que sabemos que nunca volverán. Pero si entendemos su recuerdo como un sincero agradecimiento, su ausencia no impedirá que seamos libres y felices porque, al mantenerlos vivos en nuestros corazones, les estamos agradeciendo todo el bien que un día pusieron en nuestras manos.
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