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de Maro

La equivocada estrategia de la confrontación de la barca

Resulta evidente que cuando los problemas se acumulan y la falta de dinero provoca que un Ayuntamiento como el de La Barca se pueda quedar sin luz y sin medios materiales para remediarlo se acabe generando un clima de frustración y de enfado. Por eso, resulta comprensible que su alcalde, Roque Valenzuela, haya llegado a perder algo los nervios y haya salido a la palestra para denunciar lo que él ve como una marginación del Ayuntamiento matriz y reclamar el dinero que él considera que se le adeuda y que necesita para salir de la precaria situación en la que se encuentra. Se puede entender su actitud, pero en el fondo no se puede compartir, ya que la estrategia de la confrontación generalmente sólo suele dar más publicidad que resultados, ya que cuando se estira la cuerda demasiado sólo se logra aumentar el clima de tensión y no el acercamiento necesario para hallar las soluciones precisas para solventar los problemas.
No cabe duda de que la situación económica e incluso social de las pedanías es una de las grandes asignaturas pendientes no sólo de este Ayuntamiento, sino de todos desde hace demasiado tiempo y a la que nadie ha sabido poner remedio. Evidentemente su lejanía, la precaria situación económica de las arcas municipales y la necesidad de ofrecer los mejores servicios en el propio Jerez antes que en el resto del término municipal han ido provocando que Gobierno tras Gobierno fuera olvidando poco a poco la realidad de las pedanías y barriadas rurales, conformándose con poner más parches que soluciones definitivas a sus problemas.
Y aunque esto es una realidad, y por eso es justificable el enfado de los alcaldes, eso no es óbice para que también los responsables pedáneos asuman su parte de culpa, y en este sentido el propio Roque Valenzuela debe ser el primero en dar un paso al frente, ya que su obsesiva apuesta por la segregación le ha llevado a una apuesta por la radicalización que no es beneficiosa para su propia localidad, ya que él sabía desde hace mucho tiempo que era un plan inviable. Pero siempre se negó a ceder, a convertirse en ELA y beneficiarse de ello, y ahora se encuentra abocado a una confrontación a la que debe poner freno si no quiere ahogarse en sus propios errores y en los ajenos del Ayuntamiento matriz.

El nuevo pulso de los nacionalistas

Los partidos nacionalistas, especialmente vascos y catalanes, no han tardado mucho en esta legislatura en volver a sacar su batería de reivindicaciones aunque lo hayan hecho con matices, tal vez con la intención de ir tanteando más la reacción del Gobierno que como un posicionamiento claro sobre cómo van a actuar en los próximos años, sin olvidar de son muy conscientes de que ese debate que se va a abrir sobre la posible reforma electoral va especialmente encaminada a restarle poder y peso específico en el Congreso de los Diputados. Esto, unido al también abierto debate sobre la financiación de las autonomías, ha provocado que vuelva a oír reclamaciones más o menos soberanistas por parte de los catalanes (que como siempre están encabezadas más por su presidente socialista, José Montilla, que por los propios partidos nacionalistas) o que el lehendakari quiera mantener su propuesta soberanista, con consulta incluida. Es un capítulo más de ese eterno regreso al pasado de los nacionalismos al que el Gobierno, pese a su falta de mayoría en el Congreso, debe saber dar una clara respuesta, sin renunciar al diálogo y al entendimiento, pero sin cheques en blanco ni esperanzas de que puedan triunfar.

     
 
     
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