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El CREA recibe avisos diariamente para recoger animales

La media en época de más incidencia (de mayo a septiembre) se sitúa entre las 5 y 6 llamadas al día

Juan Manuel Romero/el puerto
La fauna cinegética que precisa de atención veterinaria no tiene cabida en el Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREA) de Las Dunas de San Antón. Por lógica, de nada sirve recuperar y soltar un ejemplar de una especie susceptible de ser blanco de los cazadores. El mismo veto en dicho centro tienen las especies exóticas, que no han llegado, precisamente, a la provincia de forma natural, sino que fueron en su día mascotas y, por alguna razón, dejaron de serlo.
Ahora bien, las especies autóctonas y silvestres de la provincia, y de forma especial las amenazadas, encuentran en el CREA de El Puerto casi, casi un Frontela.
Según los datos aportados por el CREA, diariamente se reciben llamadas telefónicas al número asignado al centro (670946198)de ciudadanos o colectivos para la recogida de animales heridos, perdidos o con lesiones de diversa índole y por las causas más dispares.
En las épocas de mayor incidencia (desde finales de mayo hasta finales de septiembre), la media de llamadas está entre cinco y seis al día, aunque el martes pasado el número se elevó hasta los nueve avisos de lugares como Algodonales, Alcalá de los Gazules, Puerto Serrano y Chiclana, entre otros; esto es, prácticamente de toda la provincia.
Personal del centro se encarga de hacer una ruta diaria para atender los avisos y, una vez recepcionados los animales, se realiza el trámite de control y registro y, como ocurre con cualquier paciente en cualquier hospital, se efectúa una primera observación del ejemplar del que se trate para realizar un primer diagnóstico mediante exploración externa.
Si no se detecta ninguna anomalía -caso de muchos camaleones, por ejemplo, que son llevados al centro-, son devueltos a su entorno natural sin más intervención. En cambio, si el veterinario percibe que algo no va bien, se aplica el protocolo de actuación, con intervención quirúrgica llegado el caso si es preciso.
A fecha del pasado jueves, el número de animales recepcionados en el CREA ascendía a 605, con previsiones para este año en torno a las 1.200 recepciones, cifra similar a la de los últimos años.

centro con quirófano y uvi
El CREA de La Dunas de San Antón cuenta con un quirófano para intervenir a los animales así como un recinto de vigilancia intensiva (UVI). Estos días atrás, en esta unidad se recuperaba una garza imperial -ejemplar poco común por estas zonas-, que ingresó en el centro el miércoles con una herida profunda en el ojo derecho. El ave hubo de ser sometido a una enucleación (extracción del glóbulo ocular), ya que la herida presentaba perforación completa.
Según el veterinario del centro, Juan Carlos Capuz, este animal no podrá ser devuelto a su hábitat natural al perder la mitad de la visión con un ojo menos, por lo que tras su recuperación será derivado a un zoológico o centro de divulgación.
Asimismo, en la UVI del CREA se recupera un mochuelo de entre 30 y 40 días de vida, que presentaba aspecto embolado con baja temperatura y síntomas de decaimiento. Se estima que ha caído de un nido y que ha estado varios días sin comer. Tras su recuperación, pasará a la zona de muda o presuelta, hasta que tenga capacidad de vivir en su hábitat natural, pues se considera un ejemplar recuperable.
Su alimentación se basa fundamentalmente en trozos de pequeños roedores y los cuidadores del centro son los responsables de darle de comer varias veces al día, hasta que pueda hacerlo solo.
Asimismo, una cigüeñuela de la laguna de Las Quinientas, en Jerez, llegó el lunes pasado con síntomas de intoxicación posiblemente producida por la carga bacteriana de la laguna en estas fechas en que se va secando a causa de las altas temperaturas. Este juvenil de cigüeñuela permanecerá en el centro varias semanas hasta su recuperación total. Luego, será soltado en el mismo lugar donde fue localizado.

Zona de mudas y voladeros
El CREA cuenta además con una zona de muda o presuelta, citada más arriba, donde los animales van recuperándose antes de regresar a su ámbito natural, donde son alimentados y reciben los cuidados precisos de igual manera que si estuvieran hospitalizados pero ya en planta, fuera de unidades de vigilancia y cuidados intensivos.
En esta zona es posible encontrar buitres leonados, cárabos, cigüeñas, tortugas e incluso un meloncillo, al que hubo de amputársele una pata a causa de una herida de cebo.
Para su alimentación, el CREA cuenta con cámaras frigoríficas donde conservan roedores congelados, polluelos de unos días, gusanos vivos de distintos tamaño, e incluso un ciclo cerrado de codornices con incubadora incluida.
En otra zona, el voladero, las rapaces de mayor envergadura (águilas, búhos reales, milanos y demás), acaban de ejercitar sus alas antes de la suelta definitiva.


Protocolos de intervención humanos

J. M. r./el puerto
J. M. r.
el puerto
Resulta curioso comprobar que el modus operandi de un veterinario en el quirófano con un animal es idéntico al protocolo de actuación de un médico en un hospital cualquiera.
El martes llegaba al CREA una garcilla bueyera (ave comúnmente conocida como espurgabueyes), que presentaba lesión en el ala izquierda y sus posibilidades de volar eran prácticamente nulas. El veterinario del CREA, Juan Carlos Capuz, tras una primera observación del animal, estimó que podría tratarse de una rotura de los huesos cúbito y radio. El motivo de la lesión resulta en principio difícil de determinar, si bien se considera preciso someter al ave a una placa radiográfica para constatar algunas causa, como por ejemplo, la caída del ave por efecto de un disparo que hubiese podido dañar su extremidad superior izquierda.
La radiografía no detecta la presencia de balines ni en el ala ni en ninguna otra zona del cuerpo, por lo que se decide considerar que la garcilla ha sufrido una colisión (se desconoce cómo y debido a qué), y como consecuencia se ha producido la rotura de los huesos que, efectivamente, queda recogida en la imagen radiológica.
Finalmente, Capuz considera adecuado colocarle una férula parecida a la que se suele colocar a las personas que sufren de una lesión ósea similar, y confía en la recuperación del ave en unas semanas. La garcilla, una vez se la ha practicado la inmovilización del ala y ya reanimada de la anestesia para facilitar su manipulación en quirófano, pasa directamente a la zona de muda, donde se recuperará de la lesión con otras aves de su especie.