Inmigración: ¡Cuánta insensibilidad!
“Desgarradoras las imágenes, desgarrador el relato, más desgarradora aún la realidad. No puedo ni imaginar el dolor de una madre al ver morir a su bebé de frío, hambre, deshidratación… y tener que tirarlo por la borda. Es una locura. Siento una terrible impotencia, ganas de gritar, ¡basta!”.
Así, con estas palabras, empezaba hace escasos días Toñi Asencio, comentarista de varios medios de comunicación de la provincia, un artículo en el que se refería a la desgracia ocurrida en una patera en la que los bebes, a medida que se iban muriendo, eran arrojados por la borda.
Toñi es madre de tres hijos, por lo que me imagino que como tal se habrá quedado horrorizada. ¿Cuánto tiempo le hemos dedicado todos y cada uno de nosotros a este tremendo suceso?
No sé cómo se puede resolver este problema, creo que a corto plazo es prácticamente imposible, estas gentes están tan desesperadas, tienen tan poco que perder que, aun sabiendo lo que les espera (no olviden que hoy en día la TV por satélite llega a todo los rincones de la tierra), debe ser tanta su desesperación que no temen perder sus vidas y las de sus hijos de una forma tan cruel y espantosa. De todo ello se aprovechan las infames mafias, cuya impunidad se ve favorecida por la pobreza de medios que tienen esos países de donde proceden los inmigrantes.
El largo plazo consiste en apoyar a todas estas naciones a salir de la pobreza, pero, desgraciadamente, la crisis que se está instalando en el mundo occidental no es lo mejor como para propiciar ese tipo de medidas. Y si a esto le sumamos las políticas racistas y xenófobas que pretenden imponer ciertos países gobernados por algunos tipos de derechas rancias, entonces el problema se hace más difícil de resolver.
Tampoco estoy de acuerdo con algunas de las manifestaciones hechas por algunas asociaciones. Por ejemplo las efectuadas por Rafael Lara coordinador de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. No se puede decir que la instalación de medios de detección y la vigilancia marítima sean muestras de intolerancia y persecución de los inmigrantes. Primero, porque gracias a estos medios se han salvado numerosas vidas al permitir detectar las pateras, que de otra forma sólo Dios sabe cómo o dónde habrían terminado. Y segundo, porque se quiera o no se quiera, guste o no guste, la entrada en un país debe hacerse de forma legal y controlada. Como tampoco me parece correcto que se diga que el Gobierno debe dar un golpe de timón capaz de hacer frenar esta tragedia y se sea incapaz de aportar ni una sola solución o idea de cómo hacerlo.
Insisto, no es nada fácil, pero tenemos la obligación de luchar contra el desánimo que causa la impotencia de evitar todas estas muertes, pues puede que algún día alguien sea capaz de dar con una solución que sea lo suficientemente buena como para que sea aceptada por todos. No basta con denunciar o criticar, hay que aportar.
Termino este artículo con una referencia más al de Toñi Asencio. Ella decía: “Son hombres, mujeres y niños. Renuncian a su tierra, a su gente, a su familia y a veces hasta a su identidad, todo por no ser devueltos al infierno de donde proceden, todo por alcanzar el paraíso que piensan encontrar cuando llegan a nuestras playas, aunque luego la realidad les devuelva a modo de bofetada que nada es como pensaron”.
Es verdad, que duro, que tremendo debe ser el no poder regresar a tu tierra, a tu casa, a tu familia, porque la carencia de papeles te impediría regresar. Algunos de ellos están a tan sólo unos 200 kilómetros y no pueden. ¿No sienten un escalofrío?
J. B.