Permanecerá como administrador apostólico en Jerez hasta que se le nombre sucesor
gabriel álvarez/jerez | foto: esteban
La Nunciatura Apostólica de Su Santidad el Papa en España anunció ayer el nombramiento de monseñor Juan del Río Martín, hasta ahora obispo diocesano de Asidonia-Jerez, como nuevo Arzobispo Castrense. La plaza, vacante desde hacía ya bastante tiempo, constituía uno de los destinos que más se le atribuían en la calle, en el marco de una rumorología sobre su marcha en permanente funcionamiento desde que llegó a Jerez hace ahora ocho años.
Mientras, a mediodía, se hacía oficial este nombramiento en Madrid, en el Salón de Audiencias de la sede en el Arroyo de la Casa de la Iglesia, en Bertemati, tenía lugar otro acto que, presidido por el protagonista de la noticia, contó con la antesala de la lectura del nombramiento. El secretario-canciller de la Diócesis, Federico Mantras Ruiz-Berdejo, procedió a ello ante Del Río Martín, los colaboradores del Obispado y representantes de los medios de comunicación.
Tras ello, el aún Arzobispo electo Castrense, que permanecerá hasta el nombramiento de su sucesor como Administrador Apostólico de la Diócesis de Asidonia-Jerez, dio lectura a un mensaje dedicado a los diocesanos que, durante un total de ocho años, lo han tenido como pastor. Sus agradecimientos a todos los diocesanos, sacerdotes o seglares, se verían acompañados del quiebro de la voz, fruto de la emoción, en alguno de los momentos de su lectura.
los proyectos continúan
Pese a que ya en septiembre tendrá lugar la toma de posesión en Madrid, en un acto ya convocado para la Catedral de las Fuerzas Armadas -en calle Sacramento- el día 27 de ese mes a las once de la mañana, sus proyectos en la Diócesis de Asidonia-Jerez siguen adelante. Así lo reconocía ayer. “He trabajado aquí desde el mayor sentido de fidelidad, como si fuera a seguir aquí”, señalaba en referencia a que no han cesado los rumores de una marcha a otro destino pastoral.
Señalaba que, junto a lo que se ha venido poniendo en marcha durante u labor en Jerez, aún resta por culminar las obras de la Casa Sacerdotal y el Seminario. “Seguirán porque aún no se sabe cuando vendrá el próximo obispo” decía Del Río ante el gran cuadro del Buen Pastor que preside el Salón de Audiencias del Obispado. Y lo hacía añadiendo que “me llevo, sobre todo, el cariño de un pueblo acogedor, de Jerez y de toda la Diócesis, no tengo quejas de nadie”.
Escuchaban atentos su mensaje de despedida y agradecimiento, que reproducimos íntegro, los miembros de su Curia como los vicarios general, de Pastoral, el secretario-canciller, el vicario judicial, el deán de la Catedral, los delegados diocesanos y responsables de las diferentes pastorales o voluntarios y demás colaboradores de la Diócesis de Asidonia como los que efectúan su trabajo en Cáritas u otras parcelas del cotidiano trabajo eclesial en nuestra tierra. A todos ellos, y los indormadores, se sumaba también el comisario de la Policía Nacional en Jerez.
a la familia castrense
Aunque ese otro mensaje no fue leído lógicamente en este acto, también ha trascendido el contenido del mensaje que remite a la familia castrense, ahora sus nuevos pastoreados. Les saluda con el que, hace ocho años, convirtió en su lema episcopal: “Opus iustitiae pax” (“la paz obra de la justicia”). El texto continúa señalando que “en estos últimos tiempos he acompañado al Pueblo de Dios como Obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez, a la que he querido profundamente; ahora la Divina Providencia me pone al frente de ese Arzobispado Personal Castrense, que recoge una tradición institucional de cuatro siglos, en los que la Iglesia ha desarrollado una actividad pastoral con abundantes frutos”.
Añade que “por todo ello y por lo mucho que se ha trabajado en las etapas más recientes, quisiera expresar un recuerdo agradecido hacia quien hasta hace un año ha sido vuestro Arzobispo, Mons. D. Francisco Pérez González. ¡Que el Señor le premie cuanto ha hecho al servicio de todos vosotros! Igualmente, mi reconocimiento al Arzobispo Emérito, Mons. D. José Manuel Estepa Llaurens, que ha entregado su vida en favor de la familia de las Fuerzas Armadas.
Saludo con todo afecto al que durante este año ha sido vuestro Ordinario Castrense, D. Ángel Cordero Cordero, que ha gobernado la Diócesis con sabiduría espiritual y pastoral durante el período de sede vacante; a los hermanos presbíteros, que seréis mis inmediatos y estrechos colaboradores; a los seminaristas y religiosas; a Sus Majestades los Reyes y a toda la Familia Real, y a los cristianos laicos pertenecientes a los tres Ejércitos, Guardia Civil y Fuerzas de Seguridad y Defensa, especialmente aquellos destacados en misiones en el extranjero”.
Solicita Del Río a su nueva grey “rogad a Dios por mí para que me conceda la gracia de ser un obispo bueno, sabio y santo según el corazón de Cristo, para que pueda apacentar esa grey con sencillez y cercanía, fomentando la cultura del diálogo y de la paz, y así el Evangelio de Jesucristo sea acogido como Buena Noticia para todos los hombres. Quiero ser un obispo de todos y para todos, “un hermano entre los hermanos”, un servidor de la Palabra, de la Eucaristía y de la caridad”.
Manifiesta el nuevo Arzobispo Castrense su fuerte confianza “en la asistencia del Espíritu Santo, para que me haga instrumento de ayuda y consuelo hacia los más necesitados y alejados, a la vez que lleve una palabra de esperanza en las situaciones de dolor, en particular para las familias que han sufrido el zarpazo de la violencia y el terror en algún momento de sus vidas al servicio de España”.
Y termina declarando en el escrito remitido a la familia castrense que “desde estos momentos estáis en mi corazón y en mi plegaria. Os animo a trabajar en comunión con la Iglesia Universal y bajo la guía del Sucesor de Pedro, de esta manera mostraremos en todo momento y lugar la belleza de la fe católica. Es tiempo de sembrar, de mirar al futuro con confianza, sabiendo que la gracia de Dios nos precede y que nada ni nadie “nos podrá separar de su Amor”.
Ocho años, toda una transformación
Gabriel Álvarez / delegado diocesano de medios / medios@diocesisdejerez.org
Los ocho años que se han cumplido de su nombramiento como obispo de Asidonia-Jerez han estado fuertemente marcados por una tan predicha marcha que le dejó el sobrenombre de Don Juan El Breve. Monseñor Del Río Martín, que recibió la llamada del Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa en España el día de su santo, el pasado 24 de junio, ha trabajado en la Diócesis, y por sus diocesanos, sin embargo, como si este fuera a convertirse en su destino definitivo.
Mientras no eran pocos los que le iban adjudicando nuevos destinos desde una rumorología que flaco favor hacía a esas posibilidades, nuestro obispo se ocupaba de que La Cartuja no se quedara sin vida contemplativa y trajo a Jerez a las Hermanas de Belén. Mientras algunos dibujaban un perfil del pastor, pleno de presumibles aspiraciones personales, él no hacía sino aprovechar la ocasión de una desgraciada marcha de religiosas para dotar a la Diócesis de nueva Casa de la Iglesia en Bertemati.
Y le han tocado también decidir la vuelta del Seminario a Jerez, la cantidad de sacerdotes licenciados y doctores que ha impulsado para la Diócesis en las más diversas especialidades, la creación del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y el Instituto Teológico San Juan de Ávila, la futura casa sacerdotal de curas mayores o el Centro de Día de Cáritas con las Hijas de la Caridad
Ocho años, sólo ocho. No son tan pocos como muchos predecían y quizá tampoco tantos como a Jerez le hubiese convenido mantenerlo como pastor. Lo cierto es que en sólo ese tiempo ha conseguido transformar esta Diócesis joven aunque de raíces cristianas viejas en un territorio eclesial que parece preparado para afrontar mejor los retos del Tercer Milenio.
“Os puedo decir que Jerez me ha hecho obispo y he sido muy feliz entre vosotros”
Juan del Río Martín / arzobispo electo castrense en españa y administrador apostolico de asidonia-jerez
Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, fieles todos de nuestra amadísima diócesis de Asidonia-Jerez:
En el día de hoy, Su Santidad Benedicto XVI me ha nombrado Arzobispo Castrense en España. Mis primeras palabras sean de acción de gracias al buen Padre Dios por la gran misericordia que sigue teniendo con este humilde hijo y servidor suyo; y, en segundo lugar, de profunda gratitud al Papa por la confianza que ha depositado en mi persona.
Al igual que el 29 de junio del año 2000 me dirigía a vosotros presentándome con “temor y temblor” (Flp 2,12) ante la misión encomendada, así también ahora, después de ocho años de permanencia en esta queridísima Diócesis jerezana, me encamino hacia la realización de nuevas funciones episcopales y servir a la Iglesia en estos momentos “como la Iglesia quiere ser servida”.
El día de mi consagración episcopal en la Catedral de Jerez, en vísperas de la Festividad de Nuestra Señora de la Merced, recibí la misión de enseñar, regir y santificar a esta porción del Pueblo de Dios que camina en Asidonia-Jerez. Sin vuestra valiosa cooperación no hubiese podido llevarla a cabo. En todo momento me he sentido apoyado y fortalecido por la oración de tantos hermanos y hermanas, sacerdotes, religiosos y religiosas, desde el silencio y la contemplación, hasta la oración de padres, niños, jóvenes y mayores, comunidades parroquiales, grupos apostólicos, hermandades, movimientos y comunidades eclesiales. Os puedo decir que Jerez me ha hecho obispo y que he sido muy feliz entre vosotros. ¡Dios bendiga vuestra visible comunión y cooperación con este Pastor y os lo premie!
Desde mi pobre condición humana, me he “gastado y desgastado” por todos, he intentado ofrecer los dones que el Señor me ha dado, y lo único que siempre he buscado ha sido la Gloria de Dios, el bien y la salvación de mis hermanos. Mi único mensaje ha consistido en predicar a Jesucristo, fuerza y sabiduría de Dios, que se hace presente en el seno materno de la Iglesia y sin la cual no podemos descubrir la belleza de nuestra fe católica, ni ser apóstoles de la Nueva Evangelización.
Sin embargo, en toda obra personal hay defectos o lagunas, de ahí que pida perdón si involuntariamente he ofendido a alguien o he sido “piedra de escándalo”. Me acojo a vuestra benevolencia y a la Misericordia Divina.
La Santa Sede ha tenido a bien nombrarme Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez, con las facultades ordinarias de todo Obispo residente, hasta la llegada del nuevo pastor. Seguiré asistido por el mismo Equipo de Gobierno y miembros de la Curia diocesana, a quienes ratifico en sus mismas encomiendas pastorales.
Esta Iglesia particular no entra en período de hibernación. Nuestras comunidades e instituciones están vivas, como he podido comprobar durante todos estos años. Aquí hay mucha vida de santidad, de entrega a los pobres, a Dios, a los hombres y de estrecha comunión con la Iglesia Universal y el Sucesor de Pedro. ¡Cristo está entre vosotros, permaneced unidos en la fe y en el amor a Nuestro Señor Jesucristo!
Que María Inmaculada, Madre y Patrona, y San Juan Grande nos ayuden a seguir construyendo esta diócesis en Comunión y Misión.
Recibid todos mi bendición episcopal, que imparto de manera especial a los pobres, enfermos y necesitados, porque siguen siendo los predilectos del Reino.
Casi una década de continuados logros
El mantenimiento de la vida contemplativa en La Cartuja con las Hermanas de Belén, la vuelta del Seminario a Jerez y las obras de su sede y de la futura Casa Sacerdotal que aún están en marcha, Bertemati como nueva sede de la Casa de la Iglesia, el trabajo de Cáritas que celebró recientemente -como el conjunto de la Diócesis- sus veinticinco años, y tantas otras cosas como el Instituto Superior de Ciencias Religiosas se han convertido en logros que han hecho particularmente productivos estos ocho años de trabajo en la Diócesis.
Algunas cosas quedaron en el tintero de los buenos propósitos no correspondidos, como el presencia de la Iglesia en la Universidad.