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Antonia Castro está “bien” y dispuesta a seguir la huelga

Ayer cumplió su quinta jornada en huelga de hambre, acampada junto a la gasolinera

francisco c. aleu/jerez | foto: jorge arroyo
Antonia Castro cumplió ayer su quinto día de huelga de hambre. Acampada ante la gasolinera en la que falleció su hijo, sobrevive bebiendo “agua y aquarius”. A pesar de ello, asegura estar “bien” y dispuesta a mantener esta medida de presión durante el tiempo que sea necesario, ya que la muerte de su hijo “no tiene precio”.
El objetivo de la madre de Juan Holgado no es otro que el de lograr que Campsa Red la indemnice por la muerte de su hijo. De este modo, dispondría de recursos económicos suficientes para volver a librar la batalla judicial, en un intento casi desesperado por poner en la cárcel a los autores del crimen.
“Si consigo lo que quiero voy a seguir con la justicia. Así podría moverme por Madrid o por donde tuviera que hacerlo. Para todo hace falta dinero y lo que yo quiero es mover a fondo el tema judicial”, explicó.
Antonia Castro no se separa un momento del documento que la empresa le hizo llegar hace ya varios años. Campsa Red le ofrecía una indemnización de unos 108.000 euros -18 millones de las antiguas pesetas- a cambio, entre otras cosas, de que ni ella ni ningún integrante de su familia volviera a vincular a la empresa con el asesinato de Juan Holgado.
Pero ella no está dispuesta a aceptar esas condiciones, porque asegura que sólo está pidiendo lo que le corresponde. “Los abogados me dijeron que no firmara este papel, porque es una sentencia, y no lo voy a hacer”, advirtió.
Antonia Castro inició su huelga de hambre el Primero de Mayo, un día en el que suele recordar a su hijo, “que era un trabajador”, y ha pasado en la gasolinera el Día de la Madre. “Estoy aquí aguantando el calor durante el día y el frío por la noche, pero no pienso marcharme mientras no se solucione esto”, insistió.
De momento se encuentra bien, pero reconoce que si en los próximos días se siente mal, tendrá que abandonar su protesta. Antonia Castro tiene el apoyo de una de sus hijas, así como de la familia de un amigo de Juan Holgado y de su propio marido, Francisco, que se acerca a interesarse por su salud “algunas veces”.
No tiene más apoyos. Lamenta la actitud de los sindicatos, que “no han querido saber nada de esto en los últimos doce años” y que “no se van a mojar ahora”, a pesar de que la protesta tiene como objetivo lograr “una indemnización”.
Una cosa parece tener clara Antonia Castro. Su huelga de hambre junto a la gasolinera es “el último cartucho” que le queda por quemar de una larga traca. “Espero que me atiendan como tienen que atenderme, porque nunca me han indemnizado”.


Primeras muestras espontáneas de solidaridad


Aunque la imagen de Antonia Castro protagonizando una protesta forme ya parte del paisaje cotidiano de la ciudad, la decisión de ponerse en huelga de hambre parece haber tenido más eco que otras movilizaciones llevadas a cabo con anterioridad. Buena prueba de ello es el hecho de que muchas de las personas que caminan junto a la gasolinera de Martín Ferrador se acercan a saludarla y animarla. Incluso, algunas se interesan por la posibilidad de estampar su firma para testimoniarle su respaldo personal. Junto a Antonia Castro, una furgoneta convertida estos días en improvisado hogar. Una sombrilla, algunas sillas de playa, una nevera de plástico y botellas de ‘aquarius’ completan la escena.