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de Maro

Transfuguismo, la doble vergüenza de los políticos

Si la profesión de político ya está de por sí bastante degradada ante la opinión pública, el que ejerce además de tránsfuga no merece ni el más mínimo respeto de los ciudadanos. Y esto lo saben desde hace mucho tiempo todos los partidos políticos, por lo que en un supuesto arrebato de dignidad decidieron crear la Mesa Nacional Antitransfuguismo, un organismo que originariamente nacía para poner fin a una práctica demasiado extendida, sobre todo a nivel local. Pero la vergüenza de los políticos, y sobre todo su afán de poder, es superior a la mejor de las intenciones y con cada denuncia de esta práctica sólo se oyen las quejas del que pierde y las supuestas justificaciones de los que salen ganando, pero nunca ni un solo gesto de arrepentimiento y, por supuesto, ni un solo gesto de aceptar una rectificación, como ha sucedido ahora en la provincia con los casos de Chiclana y El Puerto, donde dicha Mesa ha dejado claro que sus alcaldes y algunos concejales son simple y llanamente unos tránsfugas.
En ambos casos la pelota cae directamente sobre el tejado de Izquierda Unida y del Partido Popular --aunque si fuera al revés posiblemente habría pasado lo mismo-- y en ambos casos se ha podido oír lamentablemente al presidente provincial de los populares, José Loaiza, asegurar que no van a acatar esta decisión y que ratifican a ambos alcaldes y a los ediles implicados en sus cargos. Y lo dice sin pudor, sin vergüenza y con toda la cara del mundo, la misma que pondrá cuando en Chiclana se decida montar una moción de censura y él se indigne de algo que considerará una acción ilegal e inmoral. Y puede que para ellos todo este proceso sea simplemente una parte de ese juego político al que les encanta tomar parte a los partidos políticos, pero se olvida --como otros se han olvidado en otros momentos pero ahora también se indignan por esta actitud-- que el que sale perdiendo de todo esto no son ellos mismos, sino la democracia y la confianza de los ciudadanos en ella y explica, de paso, por qué la abstención es cada vez mayor y por qué la clase dirigente está cada día más distanciada de la sociedad. Por esto, no cabe siquiera el pataleo de pedir alguna dimisión, sino sólo callar, resignarse y pensar cuando llegue el momento si merece la pena ir a votar a este tipo de gente.

LA ley y la trampa de la CAMPUS PARTY

Valencia acoge estos días la denominada Campus Party donde 8.000 personas se dan cita delante de un ordenador para jugar en red, chatear... además de ofrecers a sus asistentes conferencias, cursos y talleres relacionados con el mundo de las computadoras. Sin embargo el principal atractivo, sin lugar a dudas, es que los allí reunidos podrán hacer uso de una velocidad de 100 Mbps, un ancho de banda de 7,5 Gb, y 80 kilómetros de cable de red y 10 de fibra óptica. En otras palabras, se podrán bajar unas 2 películas de cine en 1 minuto. Y aquí está el quid de la cuestión. Dicen que es ilegal bajarse música y películas del emule, que hay que respetar los derechos de autor pero está muy claro que en este caso no es así. Un campusero habló ayer en uno de los infotrmativos del medio día y fue franco: “llevo 31 horas sin dormir porque no he parado de bajarme películas y canciones”. Más claro, el agua. Luego vendrán los listos de turno a multar al pobrecito de a pié que en su casa se ha descargado el disco de su grupo favorito o una película que aún no han estrenado en el cine y así tener que evitar pagar 6 euros. La ley debería ser para todos igual pues si se está pagando un canon digital...

     
 
     
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