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Gripe
El lateral argentino Tano Vella ha alegado que estaba sufriendo un proceso gripal y por ello no ha podido empezar a trabajar hasta ayer mismo con el Cádiz. Y es que hay que cuidarse la garganta, sobre de todo de madrugada, que el aire acondicionado de algunos locales nocturnos tiene mucho peligro.
Ofertas más baratas
En la página 4 de la edición de ayer martes aparecía que Sebastián Terrada, portavoz municipal de IU, había denunciado que el Ayuntamiento de Cádiz adjudica siempre las obras a la oferta más barata, cuando en realidad dicha denuncia fue realizada por la concejala socialista Marta Meléndez.
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La vaca
Después de lo de la vaca pastando en la avenida, voy conduciendo lo más alerta que puedo. Imagino el susto que me hubiera llevado al verla mientras iba concentrado al volante que no quiero que ninguna otra ocurrencia así me coja desprevenido. Por si acaso. |
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La adelfa
Ramón M. Castro Thomas
La mañana luce espléndida. En la piscina leo con interés el libro Fernando el Católico y Navarra en el que Luis Suárez narra fuera de tópicos y mitos la importancia de este rey y de este pequeño reino para la futura unidad de España. Estos navarros son increíbles (hasta el Cádiz ha tenido que traer un entrenador de esta noble tierra). De vez en cuando recreo la vista en un frondoso árbol que tengo en frente. Se trata de una adelfa, de las que abundan en nuestros parques y paseos, y que siendo normalmente un arbusto, ésta que tengo delante es un gran árbol bajo cuya sombra se cobijan los socorristas y un par o tres de familias. La adelfa está atestada de flores de color rosa fuerte, por eso y por las hojas lanceoladas le llaman el laurel rosa. Qué contraste más curioso –pienso– que a la agradable fragancia y belleza que nos llega de sus flores, a la utilidad de su sombra va unido el hecho de ser una planta venenosa. Cómo es posible. Es como la cizaña y el trigo pero en una misma cosa. Supongo que habrá muchas intoxicaciones de niños que tras jugar con las hojas de la adelfa luego pasen sin relacionar sus trastornos digestivos, incluso cardíacos y respiratorios con el verdadero origen que las produjo. El médico o pediatra dirá que ha sido un empacho o, más socorrido es echarle la culpa a un virus, que él no ha visto, pero en el que todo el mundo cree. La adelfa pinta de colores la mañana, su sombra nos refresca, nos perfuma desnudos en la piscina. Mas no la comas.
Me acuerdo de lo que me decía una paciente: “No puedo entender que la naturaleza sea tan cruel y nos castigue poniendo venenos en sus bellas plantas”. Bueno es una forma de verlo, un poco rebuscada, pesimista.
Prefiero verlo de otra manera. Dios ha puesto principios curativos en las plantas y en muchos minerales, incluso en animales, para darnos la oportunidad de curar nuestras enfermedades y nuestros males.
La adelfa a dosis tóxica es mortal para un caballo pero a dosis ponderal alopática es un cardiotónico y un diurético. También se ha usado contra la sarna.
En Homeopatía el uso es más amplio. La conocemos con el nombre de Oleander por ser su nombre latino Nerium oleander. Es el medicamento del cuento de la lechera, de aquellas personas que patológicamente fantasean con el futuro de manera poética pero poco eficaz como resultado de la indolencia y de la aversión que tienen al trabajo. Ojú, eso en Cádiz es epidémico. Cuánta gente conozco que en su trabajo en vez de hacer lo que tienen que hacer se ponen a ensoñar poéticamente las coplas del próximo febrero…
Pero hay una cuestión que subyace en la adelfa, ¿por qué Dios permite que haya mal, cómo permite que haya venenos?
Si nos fijamos bien lo venenoso puede servir de medicina, depende de cómo lo midas y te lo tomes. El mal está en nuestra manera de ver las cosas que contamina nuestro corazón y lo pudre. Ese mismo mal encierra un bien, como lo demuestra la adelfa. Todo lo que reacciona en nuestro organismo puede ser un veneno o una medicina que cura. El sexo, el dinero, el placer, el orgullo, el talento puede hacerte mejor o envilecerte según cómo lo desarrolles.
Igual que pasa con la adelfa, el laurel rosa, que te puede matar o te puede curar, todo depende de las dosis y el enfoque que hagas. Al que pregunta (con la intención que sea) ¿por qué Dios permite el mal? Le responde la adelfa. Dios respeta nuestra libertad: podemos tomar la sombra, recrearnos con su belleza y fragancia, podemos envenenar, podemos hasta curarnos. Es necesario estar informados, formados, y luego tú eliges.
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