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de Maro

Pintan las líneas de la carretera
Los conductores algecireños se despertaron ayer con la agradable sorpresa de ver sus carreteras perfectamente delimitadas tras el trabajo nocturno de los operarios, que han pintado de nuevo las líneas de la calzada.

De nuevo, señales inútiles
Hace unos días, en esta misma sección, dábamos cuenta de la colocación de dos majestuosas señalas de tráfico colocadas a ambos lados a la entrada de la calle Trafalgar justo pasado el parking Sur de Europa. Dichas señales son claramente de prohibido el paso excepto para residentes y abastecimiento comercial. Pues bien, será que la nueva ley de tráfico ha cambiado el significado de la señal o algo falla pues, aunque es costumbre subir por la citada calle para llegar hasta Blas Infante,, el código de circulación es claro y los coches que por ahí circulan sin ser residentes o para descarga comercial están incurriendo en una infracción seria.
Fiesta Latina en La Alcaidesa
El próximo sábado tendrá lugatr en La Alcaidesa Links Golf Resort una Fiesta Latina, de 22.00 a 03.00 horas, con cena argentina y música en vivo por sólo 60 euros.

Falta de civismo

María José Moreno Palomares

Es triste decirlo, pero en nuestra sociedad muchas personas carecen de la más mínima educación y, lo peor y más triste, es el poco interés que demuestran algunas de ellas por aprenderla. Todo se justifica, todo se comprende, todo se tolera; y además, los pocos que tratan de ponerla en práctica y pretenden que su actitud sea una escuela de valores para el resto, se ven ridiculizados. En cualquier sitio o en cualquier momento puedes encontrarte en una situación desagradable donde la falta de elegancia y educación brillen por su ausencia.
Ocurre en esta época del año que en muchas urbanizaciones algecireñas se encuentran masificadas sus plazas de aparcamientos. El motivo no es otro que el desplazamiento de familias que aprovechan sus vacaciones para descansar y disfrutar de nuestra ciudad y, no olvidemos que también de nuestra compañía durante unos días de verano. Muchos de los residentes parece que disfrutan dando a conocer esa otra cara en la que no encuentran cabida ni la elegancia ni la educación.
Lo quieren absolutamente todo. O aparcan en la mismísima puerta de su casa o, de lo contrario, ya tenemos el día. Me resultan comportamientos absurdos si tenemos en cuenta que, a pocos metros, pueden dejar tranquilamente su vehículo. Son personas que sólo se esfuerzan por conseguir su bienestar personal y no demuestran ningún interés por hacerle más agradable la vida al prójimo.
Todo esto hace que muchas veces me pregunte: ¿Por qué cuesta tanto trabajo ser amable con los demás? ¿Por qué cuesta tanto trabajo sacrificarse un poco por el bienestar de otros?, cuándo las circunstancias son adversas, ¿por qué no podemos dar nuestra opinión de forma educada y elegante?
Considero que dar una solución a este problema requiere esfuerzo. Y no todos estamos dispuestos a sacrificarnos. Hay que tener en cuenta, que la educación y la elegancia no se forman de una vez para siempre.
Ésta, se adquiere poco a poco. Si hay algo que puede ayudar a lograrlo es la inquietud y la constancia personal por cultivar virtudes día a día. Si no lo hiciéramos así, nuestra formación podría ir en retroceso y, luego, pasa lo que pasa.
No debemos olvidar que, detrás de un comportamiento elegante, hay una inteligencia despierta y una voluntad firme. Una inteligencia que nos ayudará a elegir lo mejor y una voluntad firme para poder llevarlo a la práctica.
Para darnos a conocer como somos y para que nuestra conducta sea educada y elegante, es necesario que nuestro mundo interior también lo sea.
Las palabras y los gestos que empleamos cuando defendemos nuestras razones, exteriorizan nuestra manera de ser; en definitiva, constituyen un reflejo de lo que realmente somos.
A muchos se nos olvida que, lo que somos por dentro, es lo que manifestamos por fuera. No podemos fingir lo que no somos, porque las máscaras siempre, antes o después y, sobre todo, en situaciones contradictorias, terminan por caerse.
Creo fundamental que, para llegar a una convivencia feliz con nuestros vecinos, las virtudes hay que convertirlas en hábitos.
De esta forma, estaremos más preparados y seremos capaces de ser más útiles a nuestra sociedad; y, ni que decir tiene, cuánto bueno puede aportarnos a nosotros mismos.
Estoy segura de que si hacemos gala de una buena educación y de una exquisita elegancia en nuestro comportamiento, dejaremos de padecer la falta de civismo que hoy en día desgraciadamente sufrimos.

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