| ¿Justicia?
Con el caso de Mari Luz, han salido a la luz las injusticias
de la justicia. Injusticias que tienen un responsable, a veces
por
error y otras por negligencia, y otras muchas por prepotencia
o chulería. Responsables que pueden ir desde los que
hacen una ley hasta el último mono que se encarga de
repartir las notificaciones. Pero esto no es ni nuevo, ni es
el último caso que se va a dar.
Yo por mi caso he sufrido el atropello o más bien la indiferencia
de la justicia y sigo a costa de mi bolsillo reclamando algo que
se me fue sustraído, es por ello que les puedo hablar, desde
un punto de vista diferente, de los males de nuestro sistema. Ojo,
y no quiero decir con ello que sean motivos de errores ni nada parecido,
en muchos casos, estoy convencido que se trata de saturación
o de otros motivos que impiden el buen funcionamiento de estos centros,
tan vitales para nuestro día a día.
La primera frustración que se sufre es saber que es verdad
todo lo que cuentas, que es una injusticia y no poder gritarle a
los cuatro vientos todo lo que llevas dentro, porque sería
yo el que podría acabar en la cárcel. En el caso de
Mari Luz hasta que no sea declarado culpable, el hijo de puta sólo
es presunto. Esto que puede parecer una estupidez, cuando se trata
de la familia de la víctima, les aseguro que no tiene que
resultar para nada agradable, para el padre de la criatura, tratar
de presunto al asesino que mató a su hija.
Una vez superado este trance, hay que demostrar que el presunto es
culpable, pues dada la presunción de inocencia, el más
hijo de perra del mundo es inocente hasta que no se demuestre lo
contrario. En este caso, este capítulo me parece acertado
por un lado y desmedido en otro, pues que todo el mundo este libre
de pecado es algo lícito pero no lo es tanto que por el contrario
haya que mover cielo y tierra para demostrar la culpabilidad de la
otra parte, pues con ello la víctima tiene la impresión
de que la justicia esta más con el culpable que con quien
sufre sus consecuencias. Seguramente lo de que más vale mil
culpables en la calle que un inocente dentro lo dijo alguien que
nunca había necesitado de la justicia para que le repongan
la dignidad que otro le arrebató.
Otro de los aspectos sin duda más humillantes, para la víctima,
y en algunos casos hasta para el delincuente, es lo que se eterniza
el proceso desde la agresión, si la hubiere o lo que proceda,
hasta el veredicto. Pues no debemos olvidar nunca que estamos tratando
con personas, estamos hablando de sus sentimientos y de sus vidas,
que en muchos casos se ven destrozadas por la acción de sus
verdugos particulares.
La justicia tendría que tener en cuenta, más allá de
sus leyes, que están tratando con personas, que en muchos
casos su decisión marcará su vida, que si un asesino
pierde la libertad por algo que ha hecho, su víctima pierde
su vida, y no me refiero al hecho de vivir, les estoy hablando de
secuelas psicológicas, de pérdidas que no son computables
ni tangibles, y que quedan en el olvido, frivolizadas por nuestras
leyes, que le ponen precio a un delito genéricamente.
Aunque he de reconocer, que en este sentido, la tardanza en los procesos
ayuda a la víctima a asimilar su dolor con lo que un resultado
desfavorable es mejor asimilado, que si este se produjera inmediatamente
después del delito. Desconozco si es este el motivo por el
que se dilatan tanto las acciones legales o simplemente es pura casualidad.
Pero, ojo, para mí, lo más vergonzoso es el papel del
abogado, que en algunos casos se convierte en paladín de su
cliente sirviéndole la libertad al más ruin de los
canallas por un módico precio. Todo el mundo tiene derecho
a que se le defienda, igual que todo el mundo tiene derecho a que
se le haga justicia. Lo que no es de recibo es que un señor
se dedique a buscar resquicios legales para dejar en libertad a un
asesino. Pues, al final, resulta que con un buen abogado un hijo
de... puede quedar en libertad, que es lo mismo que decir por dinero,
que es lo mismo que decir que la libertad se comprara, que es lo
mismo que decir que la justicia es tan puta, que se vende al mejor
postor.
F. J.
|