Ebro
Pulvea, de solución a problema remolachero
Hubo una época en la que la irrupción
de Ebro Puleva a la provincia fue considerada como una gran noticia, porque representaba
la llegada de una nueva multinacional, en esta ocasión con capital nacional,
que venía a solventar los problemas que había en el sector agroalimentario.
Quienes entonces alababan este aterrizaje se olvidaban que, sobre todo, lo que
venía era una multinacional, similar a las que también empezaban
a controlar el mundo del vino; es decir, una empresa que no entiende de situaciones
locales o provinciales y sí exclusivamente de beneficios. El tiempo, desgraciadamente,
acabó demostrando que esa ilusión creada era eso, una simple ilusión,
y si en el mundo del vino se ha vivido las consecuencias, en el sector de la
leche se están sufriendo ahora y el de la remolacha está llamado
a padecer la dependencia de una empresa que da la sensación de que ha
jugado con los agricultores y con su futuro, ya de por sí bastante incierto
con tanta reforma europea.
Por eso, la decisión de Ebro Puleva de querer vender sus negocios azucareros,
o cuanto menos de desligarlos de la empresa matriz para poder salir a Bolsa y
buscar accionistas, sólo se puede considerar como una mala señal,
ya que da la sensación de que se ha aprovechado para sanearse con todo
el conflicto con Europa y porque si se vende a otra empresa azucarera europea
las decisiones que se tomen nunca serán en beneficio de la provincia,
sino de los intereses de su país. E, incluso, la simple intención
de Ebro Puleva de desprenderse del sector azucarero para ganar peso de cara a
futuros accionistas revela que no ve expectativas de negocio en este sector,
lo que repercutirá en el incierto futuro de unos agricultores que ya no
saben si tirar la toalla o seguir apostando por un tipo de agricultura que parece
llamado a desaparecer.
Por eso, se entiende el enfado de las organizaciones agrarias ante este anuncio,
no sólo por las formas --sin advertencia previa-- sino especialmente por
el fondo, ya que la decisión sólo crea preocupación e inestabilidad,
además de inseguridad en unos trabajadores de las plantas gaditanas que
saben que en toda venta al final siempre se cobra alguna víctima laboral,
aunque sea en forma de prejubilación.
Acebes, entre la lógica y el final de un época
Tras la derrota electoral del PP el 9-M, si algo había claro en el panorama
político era que tanto Zaplana como Acebes tenían sus días
contados al frente del partido, ya que ellos, junto al propio Mariano Rajoy,
representaban lo que había propiciado que su formación perdiera
las elecciones. Zaplana no ha tardado mucho en irse y ahora lo ha hecho Angel
Acebes, con una decisión que entra dentro de la lógica y que, paralelamente,
representa casi el final de una época, ya que su papel de secretario general
y coportavoz del PP fue el que hizo como esencia del partido la teoría
de la conspiración o la crispación política de España.
Por eso su marcha no llama la atención salvo por el hecho de que sólo
es un paso más en esa renovación que Rajoy está realizando
a nivel interno, aunque lo que verdaderamente sorprende es que se esté realizando
esa regeneración sin saber quiénes serán los sustitutos
o hacia dónde se quiere llevar al partido. Y éste es el verdadero
fallo de Rajoy --al margen de no haber decidido él mismo en irse con sus
compañeros--, que quiere cambiarlo todo menos a él sin aclarar
el futuro. Por ahora, y afortunadamente, ha decapitado a la vieja dirección,
pero sin anunciar las alternativas.
|