Por la provincia de Cádiz
Hace tiempo que no alabo las bellezas de nuestra provincia y, a propósito de unos días que he pasado en Algeciras con unos amigos, ha llegado el momento. Atravesamos la autopista de los Barrios, y todo el paraje natural, después de las lluvias, estaba verde y frondoso. Como siempre digo, este rincón de Andalucía lo tiene todo, preciosas playas, exuberantes sierras y una luz que despierta todos nuestros sentidos.
Pasé un día en Tarifa, que ya vive su típico ambiente turístico veraniego. Esta vez decidimos adentrarnos en el Estrecho para disfrutar del avistamiento de cetáceos. El Estrecho de Gibraltar es el canal de comunicación que une el Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo y es una zona muy transitada por la fauna marina. Por él fluye un complejo sistema de corrientes marinas, principalmente, una superficial de agua fría atlántica y una profunda mediterránea más salina y densa. En el canal se alcanzan profundidades de 600 a 900 metros, y hay zonas donde se localizan diferentes especies de cetáceos. Las condiciones climáticas de ese día nos permitieron vivir una experiencia inolvidable. Los simpáticos delfines estuvieron acompañando la embarcación durante un buen rato y nos hicieron gozar de su elegancia a niños y mayores. También avistamos ballenas pilotos y disfrutamos del cadencioso movimiento de un enorme cachalote.
Esto forma parte de las actividades que demanda el creciente turismo pero, parece que velan porque se desarrollen cuidando el medio ambiente. Se pedía que no se gritase, ni se arrojara nada al mar, ni se usase flash, porque, caso de molestar a los animales, la excursión se suspendería.
Otro día me adentré en el Parque de los Alcornocales a conocer Castellar, ese lugar que, abandonado por sus habitantes, enamoró a hyppies extranjeros en los años 70. La fortaleza de Castellar viejo se alza sobre un cerro empinado que impedía la expansión de su población que, a finales de los 60, tuvo que trasladarse al pueblo nuevo para encontrar mejores condiciones de vida. Está constituida por un imponente castillo medieval del siglo XIII que defendía parte del reino Nazarí de Granada. Desde él se divisa toda la Bahía de Algeciras, el Peñón de Gibraltar, la costa de África y los pueblos que la rodean. En su interior existen numerosas casitas blancas y calles estrechas y sinuosas adornadas con macetas y flores. En los 80, el Ayuntamiento se percató de la joya que había abandonado y ya lo explota como casitas rurales y tiene entre sus planes construir un gran hotel en el castillo. Como siempre decimos, esperemos que no rompan la magia del lugar.
Y no puedo dejar de hacer mención a la parte gastronómica de la excursión, pues si cerca de la costa degusté ricos platos de pescado, en la sierra los ricos guisos de venado y jabalí nos hicieron disfrutar de lo lindo.
De vuelta en casa, no os podéis imaginar cómo me dolió el incendio que azotó la zona durante varios días.
Quién dijo que hay que hacer kilómetros para hacer turismo de calidad?...
i. o.
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