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de Maro

Italia avergüenza a europa, que debe tomar buena nota

Una mezcla del racismo que crece en Italia y la muestra de la miseria humana fueron retratadas por los medios en una playa de Nápoles donde los cuerpos de dos jóvenes ahogadas permanecían cubiertos con unas toallas mientras el resto de turistas disfrutaba de un estupendo día. Las dos jóvenes eran gitanas, una etnia perseguida hoy en Italia por la sociedad y por el Gobierno, que ha alarmado a los italianos al señalar a este colectivo como responsable de robos, asaltos y atracos. La respuestas del Gobierno de Berlusconi desde hace tiempo ha sido criticada por todos, pero no se le ha puesto freno. Se toman huellas a los niños gitanos y se realizan asaltos a los campamentos por parte de la policía. Son órdenes directas de un gobierno que no ve con buenos ojos a los gitanos, que aplica diferentes criterios a los ciudadanos en función de su raza. Quienes tenían dudas de la peligrosidad de estas medidas, hoy tienen la prueba en unas imágenes que deben avergonzar a los italianos. Esto no tiene nada que ver con reforzar las fronteras, no debe confundirse. Es verdad que el ser humano es capaz de mostrar un lado tan horrible sin necesidad de ningún tinte racista. No hay que olvidar que hace unos años, las playas de la Bahía de Cádiz se llenaron de esqueletos, un día y otro también, tras el naufragio de una patera cerca de Rota. Eso también dio qué pensar al mirar una y otra vez las fotografías de los usuarios de las playas junto a unos cuerpos en avanzado estado de descomposición. Ahí no existía racismo porque lo que se retrataba era la miseria de un mundo en el que una frontera separa el bienestar de la muerte. En Italia no se han visto a inmigrantes ilegales, es más, estas jóvenes ni siquiera eran inmigrantes. Hoy se preguntan sus familiares qué han hecho para merecer este maltrato. La misma pregunta que se harían los musulmanes en Serbia cuando eran exterminados por el recién capturado Radovan Karadzic, o los judíos ante los nazis, por utilizar un cuadro más común para imaginario colectivo. Italia no es la Serbia de los 90, ni la Alemania del 39, pero la repetición de los errores, una y otra vez, debe poner en alerta a los organismos, especialmente a la UE. Uno de los países miembros, nada menos que Italia, está vulnerando los derechos de un grupo de ciudadanos y nadie hace nada.

AGRESIONES POR HACER SU TRABAJO

Esta sociedad en la que vivivimos está perdiendo todos los rigores del civismo y el buen comportamiento. No sabemos si la violencia que demuestran ciertos individuos es por querer aparentar algo que no son, o bien por la influencia -dicen- de las películas de ación o no se qué, pero es habitual, por desgracia, que cada día nos levantemos con la noticia de que le han pegado a alguien. No hablamos de la estúpida y bochornosa violencia de género (daría para hablar durante todas las editoriales del verano), sino de la violencia que sufren las personas que, por hacer su trabajo, son lesionadas por otras que no comparten o entienden lo que hacen. El pasado jueves, en Algeciras, un celador del servicio de Urgencias fue brutalmente agredido por un familiar que no entedía porqué no era atendido. La paciencia es lo primero que hay que tener en la vida. Uno puede entender que su ser más querido está mal y quieren que lo curen pero de ahí a repartir leches... Otras de las agresiones son las que sufren los maestros. Ahora que estamos de vacaciones no tenemos que lamentar ninguna pero son los más jóvenes los que peor lo hacen. Algunas veces no hace falta pegar. Una agresión puede ser verbal, y aunque no duele físicamente, puede dejar secuelas.

   
 
   
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