Liberales de pacotilla
Es que me ponen a cien algunos de boca ancha y cuello corto que andan diciendo por ahí que son más liberales que la Constitución de Cádiz. Y es que yo lo entiendo, que el término pone y que es muy “comercial” para los tiempos que corren, en una sociedad como la nuestra que se presta más al avance que al retroceso.
Pero pongamos las cosas bien claras, liberal es aquél que va adelante con el progreso, que no mira rancias ideas, ni se emboba con el pasado, no ya aquél del que podemos aprender y admirarnos, sino de aquel otro que por desgracia sufrimos con la intransigencia y la ignorancia, más abyecta y polvorienta.
Ya que cité antes la Constitución de Cádiz , como paradigma para los liberales que hoy quieren ser imitados por cualquier político chiquilicuatre, diré que aquéllos pusieron sus vidas, sus ideas y sus fortunas personales en juego, para propiciar el progreso y el desarrollo de todos, para avanzar, dejando atrás viejos conceptos caducos y rancios, como las galletas mohosas de la despensa de la bruja del bosque.
Es bonito llamarse liberal porque viste bien, como un Prada o un Vitorio y Lucchino, pero hay que ganárselo, a puro pulso de fuego, con la verdad y la honradez, porque ser liberal es una forma de vida, de respeto y consenso, es una manera de andar y hasta de respirar... Tan difícil de llevar a término, que, en la mayoría de los casos que nace con buenos propósitos y un inicio prometedor, acaba en desastre y malas componendas.
Por eso hay que saber lo que se habla y de qué se habla, que es muy “productivo” que estos políticos de tres al cuarto nos regalen los oídos buscando encarecidamente lo que queremos escuchar, para luego cuando están en el poder hacer, no lo que quiere el pueblo que le ha votado, sino lo que ellos pensaban desde el principio, pero que oportunamente se callaron, hasta llegar a tener la sartén por el mango.
Porque, no ya un político, sino una persona como muchos de nosotros de “a pie de calle”, normalitos tirando para feos, nos sinceramos con nosotros mismos y cuando metemos la pata lo reconocemos e intentamos cambiar, pero estos no, estos políticos nefastos para nuestra tierra, no, porque no se puede estar anclado en el pasado, dar pasos agigantados atrás cada dos por tres y después salir diciendo para el público, como creyéndonos tontos de baba, que son más liberales que la propia liberalidad, porque eso significaría que respetan todo tipo de ideas, todo tipo de uniones, todo tipo de individuos, todo tipo de religiones o la existencia de gente que no tiene ninguna, sin menospreciar una opción por encima de las demás, dejando a la gente que haga lo que le venga en gana con su vida afectiva, con sus cuerpos, todo con una tolerancia, con una magnitud de pensamiento, que esos que tanto pregonan, están muy lejos de sentir.
Otra cosa son las urnas y “donde dije digo, ahora digo Diego”, que ese juego ya me lo sé... Lo que más me joroba es que nos crean lerdos o necios, tanto, como para no saber cada uno de que pie cojea, tanto, como para decirnos en nuestra cara que no son amigos de los que los han llevado a donde están, porque los amigos ahora están jodidos, políticamente hablando, y ya no son ni tan necesarios, ni tan presentables al público como antes eran.
Estoy harta que se rían en nuestras caras, tras decir la sandez y que después sigan su camino tan a gusto, creyendo que les creemos a pies juntillas.
Liberales de pacotilla, que no saben respetar ni la amistad, ni los apoyos, ni los que les auparon cuando les hizo falta, que no se equivocan jamás y que, por llegar, traicionarían hasta a su padre, si es que lo conocieran.
a. i. e.