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de Maro

¿POR QUÉ SE TIENE MIEDO A LA MEMORIA HISTÓRICA?

La decisión del juez Baltasar Garzón de investigar los fusilamientos de la pasada guerra civil ha reabierto el ya casi eterno debate sobre la conveniencia o no de descubrir lo que se ha venido llamando la memoria histórica. Y no se entiende ese miedo a saber qué pasó, por qué, por culpa de quién y, sobre todo, a que se descubra dónde están enterradas cientos de personas que fueron fusiladas durante la contienda y cuyo recuerdo se ha querido tapar salvo para sus familiares. No se trata de sacar a la luz viejas rencillas, sino sólo de poder desenterrar los cadáveres de aquellas personas que murieron por tener unas ideas distintas a los que controlaba uno u otro bando. Se trata simplemente de darles un último y merecido reconocimiento por ser fieles a sus principios y asumir que se hizo una gran injusticia con ellos.
Hay quien cree que volver la mirada hacia atrás es pretender reavivar la imagen de las dos Españas, pero este concepto es falso, porque esas dos Españas afortunadamente ya no existen. Las generaciones de la guerra civil ya no están presentes, salvo casos muy puntuales, y no existe esa división entre derechas e izquierdas que había en el año 36. Ahora hay una democracia bastante sana y consolidada que ve aquella contienda como un capítulo más de la historia de este país y que no quiere venganzas para los que ganaron e instalaron una dictadura en este país, sino que lo que piden es que se sepa qué pasó y se reconozcan las injusticias y atrocidades que se cometieron en ambos bandos. Y aunque haya quien crea que se intenta saldar deudas con el bando franquista únicamente se equivoca, ya que el asesinato no tiene ideología y es un asesinato lo cometa quien lo cometa, aunque también es justo reconocer que el bando vencedor fue el que hizo más atrocidades por su condición de ganador de esa guerra.
Otra cuestión, que aún está por dilucidar y sobre la que los expertos no se ponen de acuerdo, es si puede haber o no responsabilidad penal por aquellas muertes y sobre esto habrá que esperar a que decidan los organismos encargados de hacerlo, pero este debate no puede empañar la necesidad de que se investigue la historia de España, que se sepa los desmanes que se produjeron y se haga justicia a esas víctimas inocentes.

El caso de los niños en las pateras

El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, anunció ayer que enviará al departamento de Justicia una propuesta para endurecer las penas contra las mafias de la inmigración que trafiquen con niños. La medida parece correcta, puesto que esos menores son embarcados en condiciones infrahumanas que atentan contra sus más elementales derechos y los ponen en peligro mortal, sin lugar a dudas, como se ha podido comprobar en más de una ocasión, desgraciadamente.
Ahora bien, también hay una responsabilidad que podría examinar el ministro antes de enviar su propuesta al Ministerio de Justicia. La de aquellas personas, padres, madres o familiares, que embarcan a sus propios vástagos -en ocasiones bebés- en dichas pateras. Es evidente también que estas personas también deberían ser castigadas por el mismo hecho: el de poner en peligro conscientemente a menores de edad indefensos que no pueden siquiera resistirse a una decisión que otros toman por ellos.
Aún así, la propuesta del ministro Pérez Rubalcaba es correcta y se encamina en la vía de la defensa de los menores y del castigo a los responsables.

     
 
     
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