Gente de la calle con problemas de adicción a las drogas o reclusos con la pulserita del control telemático. Todos pretenden dejar atrás el pasado y emprender una nueva vida con apoyo social y formativo.
Por Begoña Picos Fotos Agustín Álvarez
Apoyo asistencial, formativo y reinserción social son los conceptos que definen el trabajo que desempeña la fundación Nuevo Futuro en el complejo residencial educativo y laboral El Madrugador. Aquí trabajan dos asociaciones, Nivel y Nueva Juventud de Trille. Ayer la concejala de Bienestar Social, Mariola Tocino, se desplazó para conocer estas instalaciones con motivo del Día Internacional contra el Abuso y el Tráfico de Drogas. Aquí se reúnen varios perfiles. Gente en tratamiento de deshabituación a las drogas, con un empeño admirable por quitarse estos grilletes de la dependencia. Junto a éstos, reclusos de segundo o tercer grado, en régimen abierto con alta telemática, gente en un claro riesgo de exclusión social, de la calle, sin recursos para salir adelante. Actualmente la mayor parte de los inquilinos de este centro que en su día fue un hospital psiquiátrico hasta la cesión por un periodo de treinta años de la Diputación de Cádiz, lo componen once internos, tres de ellos no están allí de forma permanente. Han sido derivados del Centro de Inserción Social (CIS) de Jerez. Llegan, hacen su trabajo y se marchan a casa.
El entorno es inigualable. Se respira naturaleza, tranquilidad. Es un lugar de encuentro con uno mismo, para superar miedos y crecer como persona, escuchando cada compañero lo que dice el otro, las cosas del pasado, pero también las inquietudes del presente, intercambiando consejos y reflexionando sobre lo que quieren hacer cuando sean mayores, y lo dicen tanto los que tienen veinte años como los que ya no cumplen los cuarenta. Todo eso mientras aprenden a impermeabilizar la cubierta de un edificio, reparan una cañería o fabrican una hermosa mesa de caoba. Son los cursos de formación profesional ocupacional que se imparten. En taller de carpintería coindimos con chavales prácticamente adolescentes entusiasmados con los deberes que el monitor les ha impuesto.
Estos jóvenes no tienen grandes condenas a sus espaldas, cometieron alguna pequeña infracción, casi siempre trapicheo de drogas a pequeña escala. Precisamente por la escasa gravedad de los hechos el tiempo de internamiento de muchos no es excesivo. Psicólogos, educadores y voluntarios asesoran a esta gran familia. Organizan talleres de habilidades sociales o sobre prevención del consumo de drogas.
La edil de Bienestar Social y Eulalia Lacarrá, una de las coordinadoras de Nuevo Futuro, coinciden en que hacen falta más talleres para crear nuevos hábitos de conducta. En un espacio natural, un curso de jardinería y agricultura es una de las grandes ambiciones de la dirección de estas instalaciones. Un huerto donde sembrar tomates y patatas y cultivar una nueva vida. Es también una de las terapias más exitosas para gente en vías de desintoxicación.
Cuando va terminando el día pasan a sus habitaciones. En el programa La Janda duermen los reclusos. En Nuevos Caminos se hospedan los inquilinos con problemas de exclusión social. Son dueños y señores de la limpieza y mantenimiento de sus cuartos, como si estuvieran en sus casas.
Tanto Nuevo Futuro como el área de Bienestar Social intervienen en casos muy similares. Tocino explica que al ofrecer servicios comunes, ambas entidades concretarán actuaciones encaminadas al progreso y mejora de los derechos fundamentales del colectivo que atienden. De momento, valoran algunas iniciativas, como la organización de campamentos familiares en este punto de convivencia en dirección a El Portal.