Contacte con nosotros
   























 

Actualidad Local Deportes Local Opinion

La crisis

Jaime Pastor
jaipastor@ hotmail.com

A las tres de la tarde del pasado domingo me resulta imposible encontrar un sitio donde comer. Termino por irme a casa, de donde no debí salir con el estómago vacío, pues dicen que son tiempos de crisis planetaria. De ahí tal vez la dificultad que tuve para acceder a un modesto menú o a una humilde pizza. Evidentemente, hay escasez. Al menos, ya digo, a las tres de la tarde de un domingo. Los días de entre semana, la crisis no se hace tan perceptible, la verdad. Será porque aquí el arroz, la leche y el pan no faltan todavía.
La quema parece afectar más a unas zonas del mundo que a otras. Como de costumbre, son los pobres de siempre los que más se empobrecen con la crisis. Son los que menos tienen los que se quedan sin nada. En África y otras zonas del mundo la desgracia llueve sobre la desgracia. El hambre se ceba con los hambrientos. Nuestro problema es la bajada de unas décimas en el crecimiento; el de ellos es la escalada imparable de la miseria. Aquí el problema es que se quedan productos sin que los consumamos; allí es que no tienen nada que consumir.
¿ Y qué hacen los paises ricos? Ayudan claro, pero su prioridad sigue siendo perfeccionar la fórmula que nos ha llevado a las más altas cotas de civilización: el usar y tirar. Lo confirma estos días de crisis el presidente de uno de los más grandes fabricantes de microprocesadores del mundo: “Dentro de poco, los ordenadores serán tan de usar y tirar como los móviles”. Se conoce que estos gurús saben lo que se traen entre manos, y por ello cabalgan alegres y despreocupados sobre la crisis. Lo tienen todo previsto, planificado y bien amarrado. Poseen visión de futuro, son maestros de la prospectiva.
No ocurre lo mismo, al parecer, con esos a quienes también les pagan fabulosos sueldos por organizar y administrar las cosas de comer. Son los custodios de los graneros del mundo, los ecónomos de los bancos de alimentos, los guardianes de la despensa planetaria. No dan una. Y lo confiesan con la misma parsimonia con la que los gurús de los microprocesadores echan sus cálculos de negocio. Las declaraciones del presidente del Banco Asiático de Desarrollo, por ejemplo, ha vaticinado en rueda de prensa “el fin de la comida barata”. Todo un alarde de perspicacia y previsión, cuando alimentos tan populares y básicos como el arroz han experimentado ya un encarecimiento de precio insoportable, sobre todo para los países más pobres.
El caso es que todo apunta a que los mismos de siempre sufrirán los efectos de esta crisis que “nadie en la comunidad internacional había previsto”, según confiesa el mandarín del citado Banco Asiático de Desarrollo, un chiringuito económico que nada tiene que ver con la eficiencia demostrada por esos emprendedores que van a inundar el planeta de ordenadores de usar y tirar. Porque usar y tirar es el principio fundamental sobre el que, por lo visto, se asienta nuestro modelo económico. Y claro, cualquier síntoma de crisis se interpreta como una disminución de este hábito que, siendo como es irracional por principio, constituye la rueda de molino con la que comulgamos diariamente los sufridos súbditos de este reino de los cielos que se tambalea.
Todavía recuerdo aquél proyecto que acariciaba no hace mucho el conocido empresario de la informática Nicolás Negroponte, consistente en inundar el mercado de los países más deprimidos con ordenadores muy baratos y de alimentación manual. El proyecto, al parecer, fracasó, y nuestros hermanos paupérrimos del mundo se quedaron sin ordenador. Ahora un nuevo rey Midas de la informática nos revela su proyecto: “En vez de tener un nuevo portátil o un nuevo ordenador cada cinco años, tendrás uno cada año o cada seis meses, o a lo mejor compras cinco en diferentes colores”. La pregunta es: Además de “usar y tirar”, ¿serán comestibles esos ordenadores? Lo digo por “los negritos”, porque aquí crisis, la verdad…

Inserte su publicidad aquí