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Eros
por Expósito Sailor
Todos sabemos -y los americanos más- que nadie
está a salvo del amor. Cualquier persona se puede enamorar de
cualquier otra en cualquier momento.
El amor de verdad, el intenso, el que no ve falta en la persona amada,
el que ve en el objeto amado la fuente de su bienestar psíquica
y física, el amor generoso que todo lo entrega a cambio de nada,
el amor puro y con mayúsculas no entiende de sexo, ni le importa
la edad ni profesa más religión que la suya, y además,
es capaz de saltarse en limpio todas las barreras sociales que se le
crucen por el camino. Ese amor cuando se sufre o se disfruta -todos
los sabemos y los americanos del Pentágono más- segrega
una sustancia química. El ejército estadounidense estudió la
posibilidad de obtener en sus laboratorios esta sustancia química,
para gasear a sus enemigos y que éstos se distrajeran entre
ellos con actitudes propias de la seducción; ya saben ustedes:
rozamientos y tocamientos torpes. Todos conocemos también la
frase bíblica que dice: “No es bueno que el hombre esté solo” Los
del Pentágono ni quieren que el hombre esté ni que se
sienta solo. Y esto es lo que quieren y desean para sus enemigos, de
sus amigos ni te hablo.
Eros, que supongo que así se llamaría esa sustancia,
es la alternativa al bromuro borreguil, cuartelero y monacal. Eros
es la alternativa a la guerra, porque sus soldados serían soldados
del amor, la paz y no sé si de la libertad, pero estoy seguro
que serían de la tranquilidad, porque fornicar da sosiego, hace
que los ojos te brillen con más intensidad y le pone a la basca
el plátano de la sonrisa en la boca. El día mundial de
los soldados del amor lo celebraremos -porque que yo me acabo de alistar-
en mayo del 2005, y su eslogan principal sería: “por el
culo te la jinco”.
¡
Qué buenos son los americanos del Pentágono! Está claro,
y yo estoy de acuerdo con ellos, que la paz mundial y ese nuevo orden
mundial, del que tanto hablan, ha de pasar por cambiar las conductas
hostiles, beligerantes y agresivas de los hombres. Estoy ansioso, nervioso,
inquieto, que vivo porque no vivo y muero porque no muero, por armarme
hasta los dientes de lindos y sugerentes botes -si hay que llevar algún
bote tipo granada por imperativo legal, tampoco me importa- de tan
potente arma de amor masivo. Porque nunca se sabe, y en cualquier momento
se puede tropezar uno con una rufiana tipo estándar. Rufiana
que caería en nuestros brazos en cuanto le rociemos la cara
con nuestro spray Eros -tipo personal o familiar-, y en menos de cuatro
minutos o cinco, le podríamos susurrar dulcemente al oído
nuestro eslogan. ¡Qué guapos irían todos los soldados
del amor: Vestidos de uniforme blanco nuclear, con su gorra de plato
de boquerones frito, su pene de acero y su mochila de espermas en la
espalda. ¡Qué felices! Pero mi gozo en un pozo.
El Pentágono ha sufrido una fuerte presión por parte
de los fabricantes de armas convencionales, las de toda la vida, las
de matar, y no han tenido más remedio que desestimar la propuesta
de inventar y comercializar el mágico spray. De los 5, 72 millones
de euros que iban a costar el proyecto -céntimo arriba, céntimo
abajo-, no sé si quieren hacer una gazpachada popular o una
tortillada. A mí vela en este entierro no me han dado, pero
si tengo que votar yo voto por la gazpachada, porque ya saben ustedes
que el ajo, los pimientos, los tomates y los pepinos son vegetales
muy afrodisíacos. Y es que aquí como en todas partes,
yo creo que hay muchos intereses creados. Que digo yo.
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