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Otra nueva víctima de la absurda violencia machista
La violencia machista se ha vuelto a cobrar una nueva víctima inocente, en este caso en Jerez. El antiguo novio de una mujer de 66 años, con la que había roto su relación recientemente por decisión de ella y que tenía una orden de alejamiento de la casa de la víctima, la mató ayer a navajazos en el interior de su vivienda en el Pago de San José. Y como en tantos otros casos similares, de nada ha servido la denuncia previa ante un juzgado, como de nada servirá lo que intente justificar el presunto agresor, al final una mujer ha fallecido porque en esta sociedad sigue habiendo demasiados hombres que creen que están por encima de ellas y que pueden quitarles la vida por el simple hecho de que alguien quiera acabar una relación sentimental.
Y lo peor de este caso, como el de tantos otros, es que al final ya no caben palabras de condena, sólo queda la indignación popular y el dolor de una familia que ha visto cómo se truncaba la vida de una mujer que sólo quería vivir y acabar con una relación con la que no estaba satisfecha. Pero la sinrazón de muchos hombres, la ineficacia judicial en demasiados casos y, especialmente, la falta de medios materiales para conseguir acabar con esta lacra han ayudado a que ahora hay otra víctima más en el tanatorio.
Por eso, está claro que por mucha ley que se haga o por mucha voluntad política que exista, nadie es capaz de acabar con este problema y no hay una semana en la que en algún lugar de España un hombre decida acabar con la vida de una mujer simplemente porque no se quiere atener a sus deseos. Ya no basta con tener voluntad, hay que empezar a pensar en nuevas medidas --y la fundamental, y que no se hace como se debiera, es la educación-- que ayuden realmente a poner fin a esta situación. Y en este sentido, debe haber una mayor implicación de todos los organismos afectados, desde el político al judicial, pasando por las fuerzas de seguridad. Pero una implicación real, no sólo de buena voluntad, sino con los medios necesarios para que cada parte pueda cumplir con su labor de una forma efectiva. Y si hay que invertir, habrá que hacerlo, tenga el coste que tenga, ya que no se puede permitir que la violencia machista sea la constante en la que se ha convertido en este país.
Los datos del paro no son halagüeños
Los datos del desempleo “a futuro, no serán halagüeños” ha asegurado el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Así pues, la recuperación económica que el Gobierno pronostica que habrá de producirse tras la desaceleración en la que nos encontramos parece que irá más lenta de lo previsto. O lo que es lo mismo, que la desaceleración ya es una crisis en toda regla y que la recuperación no es que vaya a ir más lenta, es que ni siquiera se sabe cuándo va a empezar. Porque de esta manera y no de otra cabe interpretar las palabras del ministro en una entrevista concedida a Onda Cero días atrás.
La realidad para los próximos meses es pues un incremento en las cifras del paro, que ya no sólo afectará a la construcción y a los servicios vinculados a la misma, sino que se extenderá a otras parcelas de la producción que nada tienen que ver directamente con el ladrillo. Y la solución, que al igual que el inicio del problema parece que tuvo su origen en las dificultades económicas fuera de nuestras fronteras, tampoco llegará hasta que las turbulencias en los mercados internacionales no remitan. Y mientras, ya se oyen voces pidiendo flexibilidad financiera y laboral.
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