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El paro crece, la oposición no existe
Fermín Bocos
En lo que llevábamos de año, más
de trescientas mil personas se han quedado sin trabajo; se han ido
a la calle sin apenas expectativa de encontrar un nuevo empleo. El
paro es el primer problema que tiene España; un problema que
afecta ya a más de dos millones trescientas mil personas. Ciudadanos
condenados a malvivir del subsidio de desempleo. Otros, fuera de las
estadísticas –autónomos que no cotizaban a la Seguridad
Social o inmigrantes en situación irregular– ni siquiera
disponen de ese colchón.
Es la tozuda realidad que hace sólo dos meses, durante la campaña
electoral, negaban el presidente Zapatero y su ministro de Economía,
Pedro Solbes. Señalar la crisis que todos menos ellos veíamos:
era “antipatriótico”. Negando la crisis han conseguido
ganar las elecciones pero no han podido torcer la realidad. La última
vez que Rodríguez Zapatero se refirió al problema lo
hizo de manera tangencial, incluso frívola.
Tengo para mí, que se manifiesta así por carecer de experiencia
personal respecto de lo que supone la angustia de estar sin trabajo
y sin saber qué va a ser de uno y de su familia. Quien –como
es su caso– a lo largo de toda su vida no ha tenido otro oficio
que la política no puede comprender la angustia, los temores
o la depresión por la que atraviesan las personas que están
en paro. Por no hablar de la humillación a la que somete el
ridículo sistema en el que nos movemos a los ciudadanos de más
de cincuenta años en busca de empleo.
A tono con la sorprendente abulia de los antaño llamados sindicatos
de clase que deberían estar movilizándose para protestar
por la falta de respuestas a la crisis, pero no lo hacen, la oposición
también está perdida en su caso en los meandros para
disimular los pies de barro de un Mariano Rajoy que ayer se deshizo
de Ángel Acebes y mañana puede que le abra la puerta
a Mayor Oreja, contribuyendo a crear nuevos parados ¡Qué país!
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