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Corrupción policial en coslada

La localidad madrileña de Coslada ha saltado a la actualidad nacional tras hacerse pública la importante trama de corrupción que existía en la Policía Local de dicha ciudad, desde, al parecer, hace muchos años.
El hecho destapado y puesto en manos de la Justicia es de una gravedad enorme, tanto por los supuestos delitos cometidos, como por quiénes los estaban cometiendo, por su número y por el tiempo que, al parecer, llevaban actuando con total impunidad.
En estos días, a medida que se van conociendo detalles del entramado mafioso que tenían organizado una decena de policías locales, con su propio jefe a la cabeza de todos ellos, resulta escandaloso -e incomprensible- que siendo el asunto conocido de una gran parte de los vecinos de la cuidad madrileña, el asunto no haya trascendido antes y, lo que a la postre habría que investigar también, ¿cómo es que los responsables políticos de estos hombres no sabían nada?.
Si el entramado de corrupción funciona como tal desde hace más de una década, como se ha dicho en alguna ocasión, el gobierno municipal de Coslada ha visto al frente de su Policía Local a concejales de diferente signo político, lo que invalida cualquier teoría de connivencia pasiva por motivos políticos y deja abierta la incógnita sobre tan descarada ineficacia en el control de los subordinados.
El hecho se ha producido en una localidad concreta y afecta a unos hombres concretos. Por eso, ni se debe ni se puede poner en cuestión la honestidad y la profesionalidad de los miles de funcionarios que ejercen su labor como policías que dependen de los municipios españoles.
En estos momentos de escándalo y alarma social, que la hay, aunque los letrados de la defensa de los imputados descalifiquen este hecho como algo improcedente en materia judicial, no hay que ir más allá en valoración alguna sobre procesos de selección para acceder a las policías locales, o formación requerida, o instrucción y adiestramiento antes de ejercer como tales.
Un hecho puntual, por grave que sea, no debe afectar al colectivo, salvo para hacerle reflexionar sobre cómo implantar mejores métodos de control interno.

Los datos del paro no son halagüeños

Los datos del desempleo “a futuro, no serán halagüeños” ha asegurado el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Así pues, la recuperación económica que el Gobierno pronostica que habrá de producirse tras la desaceleración en la que nos encontramos parece que irá más lenta de lo previsto. O lo que es lo mismo, que la desaceleración ya es una crisis en toda regla y que la recuperación no es que vaya a ir más lenta, es que ni siquiera se sabe cuándo va a empezar. Porque de esta manera y no de otra cabe interpretar las palabras del ministro en una entrevista concedida a Onda Cero días atrás.
La realidad para los próximos meses es pues un incremento en las cifras del paro, que ya no sólo afectará a la construcción y a los servicios vinculados a la misma, sino que se extenderá a otras parcelas de la producción que nada tienen que ver directamente con el ladrillo. Y la solución, que al igual que el inicio del problema parece que tuvo su origen en las dificultades económicas fuera de nuestras fronteras, tampoco llegará hasta que las turbulencias en los mercados internacionales no remitan. Y mientras, ya se oyen voces pidiendo flexibilidad financiera y laboral.

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