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Ser cómplices en la eminencia
por Manuel Amezcua
Yo, Guadix, he tenido una experiencia excelente, o mejor, “eminente”.
Si fuera verdad, y seguro lo es, que detrás del último
no va nadie y antes que el primero, ninguno... entonces sería
cierto también que el término “eminente” responde
a su propia naturaleza. Indica, castizamente hablando, el “no
va más” y sirve para mostrar la calidad en su más
alto grado. Pues bien, la conferencia de don Carlos Amigo Vallejo,
Cardenal de Sevilla, responde en grado eminente al fondo y a la forma
de “su eminencia”.
Se trata de una de esas ocasiones en las que Guadix toma conciencia
de su propia importancia, esta vez referida a las hermandades y cofradías.
No solamente son, con mucho, el conjunto humano más numeroso
del tejido social de nuestra ciudad, sino que esconden un potencial
de vitalidad tan sorprendente como extraordinario, pues no en balde
son capaces de hacer mucho bien y muy bien hecho. Todo esto y mucho
más, dejó claro su eminencia en una acertada disertación
que unió a la valentía de los planteamientos, la suave
cortesía de las formas con las adecuadas pizcas de buen humor.
No hubo apenas un aspecto de la vida cofrade que no estuviera tocado
por la ciencia que nace de la experiencia y la sabiduría que
brota del Evangelio. Jugó acertadamente con el realismo, el
idealismo y el simbolismo de las hermandades.
El marco de nuestro teatro, con leves signos cofrades llenos de acierto,
mostró a las claras que el buen gusto está hecho de muchos “no”,
muy pocos “sí” y todos los “síes” de
primera calidad.
Hace poco tuve la oportunidad de explicar a un nutrido grupo de cofrades
algo en lo que también incidió, de otra manera, el Cardenal.
Podría resumirse así: un hermano mayor reúne al
cabildo de su hermandad y les dice: tengo dos noticias que daros; la
primera es que ya tenemos dinero para el proyecto de nuestro nuevo
paso... y la segunda es esta: ese dinero está todavía
en vuestros bolsillos.
Podrá parecer una tontería, pero esa es exacta y puntualmente,
la situación de nuestras cofradías.
Tenemos toda la capacidad de servicio, de entrega, de generosidad y
de acierto, pero a veces toda esa inmensa riqueza, corre el peligro
de quedarse dentro de nuestros corazones.
Es imprescindible encontrar los modos, las maneras y las formas, a
través de las cuales el potencial cofrade de Guadix se materialice
en obras concretas para gloria de los titulares de las hermandades
y servicio al prójimo, especialmente a los más pobres,
desvalidos y marginados.
Continuar por un camino de excelencia o mejor de eminencia, llevará sin
duda a nuestras hermandades a una experiencia verdaderamente sólida
en su propio quehacer, y revitalizará la condición cofrade
de Guadix en unas claves renovadas, tan llenas de digna forma como
de hondura en el fondo.
La tarde del día 24 de octubre, a la sombra de la púrpura
eminente supimos demostrar que este sueño no es imposible y
que está al alcance de nuestra mano otorgar al mundo cofrade
todas su dignas dimensiones.
Desentenderse de luchar por las virtudes, es ser cómplice de
los vicios.
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