Multitudinario traslado de La Bella para abrir las fiestas patronales de este año 2008
La iglesia se comenzó a llenar de público mucho antes del inicio oficial del acto religioso
fermín cabanillas/lepe
Más de 3.000 personas abarrotaron ayer la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Lepe para presenciar el traslado de la imagen de Nuestra Señora de la Bella desde su camarín al altar mayor del templo, en recuerdo a la salvación de la imagen de la desamortización de Mendizábal en 1835.
Este peculiar traslado, que este año duró poco más de 5 minutos, recuerda la salvación de la imagen a mediados del siglo XIX, cuando la desamortización quiso obligar a los vecinos del municipio a llevar la imagen de su patrona, que se encontraba en el puerto de El Terrón, al monasterio de La Rábida, en el término municipal de Palos de la Frontera.
La medida habría supuesto despedirse para siempre de la imagen, por lo que uno de los monjes del convento corrió a avisar a los vecinos del municipio, ubicado a seis kilómetros, que se personaron en El Terrón y llevaron a hombros la imagen de la Virgen de la Bella a Lepe.
Para impedir su traslado emprendieron una carrera que no detuvieron hasta que se vieron cerca de la localidad, en el punto de la carretera que hoy día se conoce como la cruz primera.
En recuerdo a aquel día, cada 7 de agosto se celebra este traslado de la imagen, para el que se retiran los bancos de la iglesia con el fin de dar cabida en la misma a las miles de personas que siguen el acto y que se desarrolló sin ningún tipo de incidentes.
El acto ha sufrido algunas variaciones en los últimos años, ya que en principio eran los marineros que hacían el servicio militar los que realizaban el traslado, pero la llegada de la prestación voluntaria en el ejército hizo que decreciese la cantidad de personas que cada año se presentaban en la iglesia para portar a la imagen.
Ahora, la Hermandad de La Bella cuenta con el trabajo voluntario de vecinos del municipio para realizar el traslado, que en pocos minutos llevaron a cabo la tradición a las 13:00 horas.
La desamortización, germen de esta actividad religiosa, supone la incautación estatal de bienes raíces de propiedad colectiva, bien eclesiástica o bien civil, que, tras la correspondiente nacionalización y posterior venta en subasta, pasan a formar una propiedad nueva, privada, con plena libertad de uso y disposición.
Fue un largo proceso histórico-económico iniciado en España a finales del siglo XVIII por Godoy (1798) y cerrado ya muy entrado el siglo XX (16 de diciembre de 1924). En otros países sucedió un fenómeno de características más o menos similares.
Su finalidad fue acrecentar la riqueza nacional y crear una burguesía y clase media de labradores propietarios.
Además, el erario obtenía unos ingresos extraordinarios con los que se pretendían amortizar los títulos de deuda pública.
La desamortización se convirtió en la principal arma política con que los liberales modificaron el régimen de la propiedad del Antiguo Régimen, para implantar el nuevo Estado burgués durante la primera mitad del siglo XIX. La de Mendizábal, ministro de la regente María Cristina de Borbón, en 1836, tuvo unas consecuencias muy importantes para la historia social de España, aunque sus resultados (ya no gestionados por Mendizábal, que cesó como ministro en mayo de 1836, sino por sus sucesores) fueron relativamente pobres.
Como la división de los lotes se encomendó a comisiones municipales, estas se aprovecharon de su poder para hacer manipulaciones y configurar grandes lotes inasequibles a los pequeños propietarios, pero sufragables en cambio por las oligarquías muy adineradas, que podían comprar tanto grandes lotes como pequeños.
Eso sí, en puntos como Lepe prescindir de la imagen de Nuestra Señora de la Bella era un pago al que los vecinos no estaban dispuestos, y así se puso de manifiesto co la revuelta popular que se llevó a cabo.