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Las culpas del paro
Pedro Calvo Hernando
Los gobiernos tienen una responsabilidad muy relativa en materia de
paro y algo más de precios. Pero eso no les salva de tener que
afrontar, como le sucede ahora al de Zapatero, un aumento del paro
como el experimentado en España el pasado mes de enero. También
es legítimo el aprovechamiento que la oposición hace
de eso, a cinco semanas de las elecciones generales. Aunque lo justo
y decente sería que todo el mundo se enterase del contexto en
que el problema se produce. El final del boom inmobiliario, junto a
elementos distorsionantes procedentes de los problemas de la economía
USA y otras economías, trae estas consecuencias en la desaceleración
de la economía española. La derecha política debe
ser consciente de que sus hermanos de la derecha económica,
con los que a menudo se confunden familiarmente, son los principales
responsables de lo que sucede, porque ellos son los que han protagonizado,
y con ello se han enriquecido, la locura inmobiliaria y consumista
de los últimos años. Ahora es demasiado indecente echarle
todas las culpas al Gobierno de Zapatero.
No es el Gobierno quien había montado todos esos tinglados de
la última década que ahora se están viniendo abajo
como era absolutamente inevitable. Los culpables principales son los
montadores de tales tinglados, que ya son multimillonarios, y a los
que no afectarán las consecuencias de este cambio que estaba
supercantado, porque había sido un boom excesivo e insostenible.
Y lo gracioso es que ahora desvían hacia el Gobierno sus culpas
y el Gobierno se las ve y se las desea para defenderse de una carga
que en el 90% no le corresponde. Pero así es la política
y el Gobierno y su partido ya lo saben. Lo que tienen que hacer es
explicar bien lo que pasa y las culpas de cada cual. Y exponer con
toda claridad ante el país cuáles son las recetas que
ofrecen para salvar el escollo económico al pedir el voto para
las elecciones generales del 9 de marzo. Y eso, aunque el PP siga sin
aclarar prácticamente nada sobre su programa económico
para los próximos cuatro años, en el improbable caso
de que ganen las elecciones.
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