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Buen papel alcalaíno en la V Maratón BTT de Cazorla

El ciclismo vuelve a ser protagonista en nuestra sección de Deportes. El pasado fin de semana, un total de catorce ciclistas alcalaínos y de Castillo de Locubín tomaban parte en la Cazorla Bike Extreme, una de las pruebas de mayor dureza del calendario andaluz, pero también una de las que discurre por un entorno natural de una belleza inigualable y sorprendente.

Por Antonio González Martínez
desde la primera línea de esta crónica quisiera aclarar que hice esta maratón con un fin algo distinto al de los otros ciclistas: cubrir mis funciones como reportero de la Peña Ciclista de Alcalá la Real. Por otro lado me unía a los demás mi deseo de pedalear a la mayor cadencia y velocidad que pudiera, hasta el límite, disfrutando al mismo tiempo, como lo demuestran mis fotos, de los majestuosos paisajes de la Sierra de Cazorla.
Quiero felicitar a los miembros de la Peña Ciclista de Alcalá la Real y Castillo de Locubín, en calidad de reportero y compañero de épicas aventuras maratonianas como la del pasado domingo 20 de abril. La felicitación es doble, por haber elegido la bicicleta frente al sillón y el automóvil y por la elección de no contaminar el paraíso que constituye el Parque Natural de la Sierra de Cazorla. Con frecuencia menospreciamos nuestros valores paisajísticos, que sin embargo son altamente reconocidos fuera de nuestras fronteras. Como ejemplo, el ya desaparecido Presidente de la República francesa, François Mitterrand, venía a Cazorla a pasar sus vacaciones.
La noche anterior a la carrera, mientras caían chuzos de punta en un diluvio de mal presagio, nos calentamos algunos el cuerpo tapeando en los bares de la Plaza de la Corredera, de donde a la mañana siguiente, a las nueve y media, darían la salida de una carrera que nos pondría al límite durante casi medio centenar de kilómetros. La cocina cazorleña recibe su inspiración de la misma naturaleza circundante, que le suministra los productos elaborados con una buena y respetuosa condimentación culinaria que desarrolla sus más genuinas cualidades: olor, sabor, textura, etc. La "tapa" es todo un compendio de lo mencionado, pero en estado concentrado.
Pese a lo que algunos medios han publicado hasta ahora, como participante en la carrera puedo afirmar que, a pesar de que estaba previsto ir hasta el nacimiento del río Guadalquivir, el recorrido fue cambiado en el último momento por la organización, probablemente buscando recortar el número de kilómetros. Los dos circuitos previstos hasta entonces, de 50 y de 70 Km., fueron cancelados. No parece que las condiciones meteorológicas (frío, niebla, lluvia, granizo, nieve) fueran la causa del cambio de ruta, puesto que el circuito que finalmente decidió la organización, de 45'5 Km., no estuvo ni al abrigo del mal tiempo y bajas temperaturas, ni exento de "trialeras" donde incrementaba notablemente el riesgo a causa de estas circunstancias climatológicas. A pesar de los cambios que realizó la organización la dificultad y alta peligrosidad de la prueba permanecieron inmutables. Otro hito de la carrera que también hubo que dejar para mejor ocasión es el paso por el Puente de las Herrerías.
La salida en esta quinta edición de "cazorla Bike Extreme" es tan rápida que no dio tiempo a hacernos ninguna foto colectiva, sólo al pelotón de salida, Lolo el bombero y yo en medio . Observamos cómo entrenaban los atletas alcalaínos que saldrían instantes después que nosotros hasta coronar el Pico Gilillo. Compartimos con ellos las condiciones que convirtieron la mañana en un épico torneo medieval. Trajeron a casa nueve trofeos: 1º y 2º Masculino, 1ª y 3ª Femenina, tanto en la general como en sus categorías, y trofeo al Club más competitivo. Impresionantes los hermanos Mudarra y Blanca, nuestra compañera ciclista que prefirió competir en atletismo.
El recorrido comenzó con el rápido ascenso hacia la Iruela, viraje a la derecha y llegada a los tres miradores-merenderos que existen en la ladera por encima de Cazorla. Abandonamos la última calle empinada del pueblo y nos introdujimos en un carril ancho donde se puede adelantar en las cuestas, en las faldas de la Peña de los Halcones, la Ermita del Santo Bastián a la derecha, Riogazas, el Cerro de Cagahierros, subiendo unos como jabalíes, muflones, gamos, cabras montesas, ciervos, zorros, otros no corriendo sino volando como aves rapaces, halcones peregrinos, buitres comunes, águilas reales, quebrantahuesos, águilas calzadas, elenco de la fauna autóctona, por el Camino Forestal del Chorro, bordeando sus acantilados. Debido a la lluvia y a la niebla en las laderas sólo apreciamos rocas y las distintas especies de árboles: el "rey" de esta serranía, el pino laricio o blanco, algunos arces, pinos carrascos, bosquetes de chopos, chaparros y mestos, la sabina rastrera, el espino de tintes, el piorno fino. La atmósfera era pesada y agobiante.
En una bajada noté una sacudida en la rueda delantera, podría haber sido un fallo en los frenos, no es la primera vez que me traicionan, pero en esta ocasión fue un pinchazo. Lo más acelerada y hábilmente que pude pese a los nervios y al frío que me congelaba los dedos, cambié la cámara. Debió de ser alguna esparraguera al abrirme demasiado hacia los bordes en una curva durante el descenso. Tras comprobar que no ha quedado ningún pincho en el interior de la cubierta, introduje una cámara nueva. Presionar la cubierta fue una odisea con las manos congeladas hasta introducirla completamente alrededor de la yanta. Extraña sensación la de no poder doblar los dedos y no poder sujetar el manillar hasta que poniendo las manos en contacto con el cuerpo, recobraron su vitalidad.
En la cuesta arriba es donde podía adelantar, sin lanzarme demasiado en las bajadas porque se me empañaban las gafas y no veía casi nada. Mascaba el peligro.
Al fin alcancé a mis amigos y volví a coger mi ritmo y cadencia de escalador nato. Pronto salimos a una vereda cubierta de barro donde hice tres fotos a un panel con el plano de esta zona de la Sierra de Cazorla y una cruz indicando el punto donde estábamos. Me sorprendieron mis paisanos haciendo de reportero, algunos pasaron muy rápido y sólo me dio tiempo a fotografiar a Jorge y Abraham e incluso a filmarlos en esa primera trialera resbaladiza y cubierta de fango. Aquella no era sino una suave vereda, comparada con las que nos esperaban en la bajada desde el Cerro de Laguna a 1.630 metros hasta Prado Redondo. La ruta prevista nos llevaba a la subida al Escribano a 1.460 metros para bajar finalmente hasta el pie de La Mocha, rocosa aguja gigante que parece clavar su cúpula materialmente en el cielo (26). Al otro lado, el castillo de la Iruela que se erige sobre una gran mole caliza, en frente del Hotel Sierra de Cazorla mi refugio en las noches del sábado y del domingo.
Tras una vuelta de ciento ochenta grados, regresamos por el Hoyo del Pecao (1.749 metros), el Puntal del Cerrillo de la Potra, 1.761 metros, con subidas y bajadas casi hasta coronar las cumbres, y volvimos hacia el Pico Gilillo en su vertiente sureste.
Lanzados ya en el corazón del bosque, entramos en la umbría masa de pinos, superamos senderos donde patinaban las ruedas, y empezamos a subir por veredas y carriles donde la nieve cuajaba delante de nuestros ojos. Pronto cruzamos una cascada situada antes de llegar al avituallamiento líquido y sólido, la pasamos rodando a gran velocidad con las bicis sobre una roca plana, resbaladiza, con leve inclinación debido a la erosión de las ráfagas de agua al correr por la superficie, hasta formar otra cascadilla desde la que hice una foto. Me encantó el lugar y me bajé de mi btt coronas, para atreverme a sortear la cascadilla desde abajo, rodeándola por la derecha, saltando las rocas por donde fluía el agua, calzado sobre estas zapatillas con calas que llevamos los ciclistas. Hice una foto en contrapicado, en el momento justo en que pasaba un ciclista por la pequeña meseta rocosa, especie de poyo de piedra, que servía de puente pasadizo, cortando en línea quebrada la geometría vertical de la cascada.
Después de la cascada, otras "trialeras" de barro y por fin llegamos al avituallamiento líquido y sólido. Prosigo la ruta hacia la izquierda, por un carril ancho hasta llegar a otra cascada más alta que la anterior, que cae sobre un río, cruzado por un dique de piedra .
Finalmente iniciamos el último ascenso durísimo por un carril donde es imposible permanecer todo el tiempo en la bicicleta y se impone bajarse y empujarla: una riada de agua con tanta fuerza que desgarra hasta las piedras nos impone su ley . Una vez coronada la cumbre, comenzaba el peligroso descenso hacia el Hotel Sierra de Cazorla. Los conocedores de la ruta hacia la izquierda y otros como yo, a la derecha, tal vez equivocados, creo que esta bifurcación generaba dos vías, una más fácil y otra más peligrosa. Ambas iban a dar al mismo lugar: un pequeño valle donde pude fotografiar un refugio abandonado con techo oval , similar al del Pico Gilillo pero con cubierta triangular.
Para concluir, querría decir que la organización debe mejorar en las próximas ediciones por las siguientes razones:
No nos proporcionaron plano del circuito ni de los lugares por los que transcurriría la carrera, con indicación de las zonas más peligrosas: fuerte pendiente, estrechísimos vericuetos zigzagueantes al borde de un barranco . Esta fue la vereda trialera de muy alta dificultad que no todos tomaron y donde me caí dos veces, por suerte sin graves lesiones, pero mi bici echó a rodar por el barranco abajo hasta quedarse enganchada en las ramas bajas de un pino.
Por otra parte el trazado en algunos puntos no estaba muy definido, no existían puntos de control y por tanto pudo haber corredores que conocieran la zona suficientemente como para acortar distancia, o ganar en velocidad por carriles o senderos más fáciles.
Debía haberse entregado un plano del circuito con indicación de los accidentes geográficos más destacados y las curvas de nivel, como lo hacen en las pruebas deportivas de orientación, lo mismo que una tarjeta con un número de teléfono en caso de emergencia. No existía personal de la organización o de Cruz Roja en los senderos, como si al ser ciclistas no profesionales nuestras lesiones o nuestra suerte importasen menos.
Mi enfado no es con la naturaleza y las preciosidades que hubo a mi alrededor, sino con la temeridad de quienes plantearon esta prueba a pesar de que la meteorología no acompañaba, poniéndonos en situaciones de auténtico y verdadero peligro, teniendo en cuenta que los ciclistas como nosotros no tienen detrás ni equipos ni preparadores, ni entrenamientos homologados, para afrontar en esas condiciones una prueba así.
Por otra parte la organización tampoco se portó de una manera profesional puesto que ni siquiera tuvimos información antes, ni durante, ni después de la carrera. Y eso, teniendo en cuenta que se modificó el recorrido en el último momento, resultó bastante irritante.
En algunos tramos la situación era bastante caótica, un auténtico bebedero de patos, con corredores utilizando carriles, senderos, veredas alternativas, cada uno a su saber y gobierno, con muy diferentes grados de dificultad, lo cual es injusto, obviamente, muy favorecedor de los conocedores del terreno.
Yo adopté deliberadamente la actitud de retirarme al llegar al pie del Castillo de la Iruela, tras superar las trialeras al pie de La Mocha, delante de mi hotel, para tratarme allí las heridas, limpiarlas y desinfectarlas. Y también como un auténtica acción de protesta: me apetecía dejar claro que no iba a contribuir con la entrada de mi dorsal a la conclusión de una prueba que había sido en conjunto un caos.
Lo único que estuvo a la altura fue el siempre majestuoso paisaje de la Sierra de Cazorla.
Pienso que la organización pudo haber buscado otra ruta alternativa ajustada a la situación meteorológica, puesto que la dureza del circuito quedó incrementada por el factor climático.
Mi queja es que se mantuvo una prueba que supuestamente era para aficionados, se exigió demasiado a los no profesionales, porque aunque tengamos las mismas condiciones físicas que un profesional, no tenemos nunca el mismo apoyo en medios. Un profesional no habría aceptado competir en ese circuito sin logística y mucho menos en esas condiciones. Si se exige un rendimiento grande es preciso proporcionar las condiciones necesarias para desarrollar ese rendimiento. No se puede dar unas condiciones de aficionado y exigir un rendimiento profesional.
Por tanto, a la organización de la prueba, un cero; a la filosofía de mantenerla a pesar de los factores climatológicos extremadamente adversos, otro cero; a la montaña, a la naturaleza, al entorno, un diez. ¡Y por supuesto a mis paisanos ciclistas de Alcalá la Real y Castillo de Locubín otro diez!
Me he permitido hacer esta evaluación desde mi doble condición de ciclista y profesor.