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Agua de todos y para todos
José Plaza
Pontiveros
colaborador.
Alcorcón-Madrid
La vida, se dice, comenzó en el agua y, a partir de
allí, nuestra existencia depende totalmente de ella. El agua
es fuente de vida, toda la vida depende del agua. El agua constituye
un 70% de la masa corporal. Necesitamos agua para respirar, para desintoxicar
nuestro organismo, para mantener constante su temperatura, etc. Por
eso, aunque un ser humano puede vivir varias semanas sin comer, en
cambio puede sobrevivir solo 3 o 4 dias sin tomar agua.
Garantizar el derecho a la vida debe ser el fin supremo de todo gobierno,
dia a dia en todas partes del mundo , se protege la propiedad privada,
la oferta y la demanda y el comercio, etc. olvidando en parte la protección
a la vida y las necesidades básicas como la salud, la alimentación
y el acceso al agua potable. El agua es esencial tanto para la salud
básica, y la supervivencia con la producción de alimentos
y actividades económicas. Actualmente 1000 millones de personas
carecen de acceso a un suministro básico de agua y 2000 millones
de personas no tienen acceso a un saneamiento adecuado. Se ha argumentado
con frecuencia en el ámbito internacional que el reconocimiento
al agua como derecho humano puede resultar el paso más importante
para hacer frente al problema de suministrar a la población
el elemento fundamental de la vida.
La demanda del agua crece con el aumento demográfico y con las
mayores exigencias agrícolas e industriales, en tanto que nosotros
la desperdiciamos o la contaminamos, sin perspectivas razonables de
alternativas de suministro económicamente accesibles. La crisis
del agua es sobre todo un problema de gestión de los recursos
hídricos a causa del uso de métodos inadecuados y, de
actitudes y comportamientos de los Gobiernos y de la población
en general, que aún no toman conciencia de la magnitud del problema.
En nuestro país, el agua es un bien escaso y muy mal repartido
por la naturaleza. Por tanto, es imprescindible desarrollar las infraestructuras
necesarias para aprovechar hasta la última gota y para distribuirla
con criterios racionales. Trasvases, pantanos y obras hidráulicas
de diversos niveles deben contemplarse como soluciones a medio y largo
plazo que no pueden quedar al arbitrio de un cambio de mayorías
parlamentarias. Un partido de ámbito nacional tiene el deber
de cumplir una función vertebradora de todos los intereses al
servicio de un proyecto común. De lo contrario, gana terreno
una actitud insolidaria que contradice el Artículo 2 y el Artículo
149 de la Constitución que se refieren a la solidaridad de las
nacionalidades y regiones, y competencia exclusiva del Estado en materia
de agua respectivamente.
El socialista José Borrell ministro del Gobierno en la etapa
de Felipe González fué partidario de la política
de trasvases para ayudar a paliar el problema de la sequía en
España. Es tan sencillo como coger el agua desde donde sobra
y llevarla hasta donde falta, se llame ese lugar Barcelona , Almeria,
Valencia o Murcia. Compensando lógicamente a las cuencas donantes
con ingresos u obras de infraestructura hidráulicas. Esto es
lo que hacen desde hace años en una economía paradigmática
como la de Estados Unidos.
Derogar el trasvase del Ebro, con tanta ligereza ha sido cargarse la
política del agua que se había puesto en marcha años
atrás con la idea de combatir el problema de la sequía.
El Plan Hidrológico Nacional contemplaba solventar primero el
problema del agua en las Comunidades ribereñas, Aragón,
Cataluña y después, enviar el sobrante a las Comunidades
de Valencia, Murcia y Almeria, azotadas por la sequía. Sustituir
el trasvase por desaladoras, es permitir, que los ríos viertan
el agua de lluvia al mar, con pérdida de muchos miles de hectómetros
cúbicos y luego se pretenda recuperar, desalando esa misma agua
,con el agravante añadido de contaminación y consumo
de energía.
La modificación del PHN atribuye a una singular Comunidad Autónoma,
Cataluña, una capacidad de decisión sobre el régimen
hídrico del río Ebro igual a la capacidad de decisión
que compete al Estado. La ley del PHN asignaba tan sólo al Estado
la competencia exclusiva en materia de agua, en cambio con la Ley 11/2005
aprobada por Las Cortes Generales con el voto favorable de los partidos
que conforman el tripartito catalán, la competencia corresponde
conjuntamente al Estado y a la Generalitat de Cataluña, lo cual
es tanto como decir, que para fijar el régimen hídrico
de un río de España como el Ebro, debe obtener el consentimiento
de la Generalitat de Cataluña. Con esta medida queda sujeto
el río Ebro al régimen propio del Derecho Internacional,
es decir el necesario acuerdo entre Estados soberanos para regular
los cursos de aguas internacionales.
El problema del agua es de tal calibre que sólo un pacto sobre
ella puede llevarnos, si no a su solución,si a evitar una crisis
importante. Lo lógico, lo democrático es que el agua
que sobra donde abunda se lleve adonde escasea. Ese plan sólo
puede realizarlo el gobierno de la nación, no los autonómicos,
pendientes sólo de sus intereses .
Se ha firmado en Barcelona el acuerdo entre el Presidente de la Generalitat
y la ministra Elena Espinosa el trasvase de agua desde Tarragona a
Barcelona para aliviar las necesidades de ésta última
provincia. Lo cierto y sorprendente es, que la Generalitat había
renunciado en el 2005 a cualquier posible trasvase. Se da la paradoja,
de lo que entonces no servia, ahora si vale pero sólo en beneficio
de Cataluña. Dadas las circunstancias que concurren se comprende
fácilmente el sentimiento de agravio que sufren otras Comunidades
con esta decisión unilateral e insolidaria.
En resumen, el agua debe utilizarse en provecho de todos y para todos,
al amparo de los principios de igualdad y solidaridad que predica predica
la norma suprema de nuestro Ordenamiento.
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