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Una agresión que no debe quedar impune

Una vez más, y por desgracia, la violencia ha vuelto a surgir en un centro escolar –en Jerez– y, de nuevo, con un profesor como víctima de una agresión, en esta ocasión por parte de un padre que entró directamente al colegio para golpearlo. Da igual la justificación que el agresor quiera dar a este hecho –se habla desde el propio centro que podría haber creído que el profesor había agredido a su hija de corta edad–, nada justifica el uso de la violencia y sólo con sanciones severas se va a poder frenar esta tendencia de recurrir a las agresiones para solucionar un problema educativo.
Por eso, no basta las muestra de condena de la administración andaluza, ni del delegado municipal, ni de los padres y madres del centro educativo. Hay que ir más allá y forzar que se tomen medidas judiciales para que sirva de aviso no sólo a otros agresores, sino a toda la comunidad educativa. No se trata de enviar a este padre a la cárcel, pero sí que desde las instancias judiciales se adopte en este tipo de situaciones el mismo tipo de sanciones que se hacen con los menores. Un buen castigo ejemplar con una posible conmutación de pena con servicios sociales a realizar en el mismo centro educativo o en otros de la ciudad puede ser el mejor revulsivo para que se pueda comenzar a atajar este tipo de situaciones que, por desgracia, siempre tienen a la parte más débil, como son los profesores, en su punto de mira.
Es lamentable comprobar cómo, además de ser atacados, los profesores y maestros deben limitarse a esperar los golpes sin poder nunca defenderse, ya que son conscientes de que como uno solo golpee a un padre o a un alumno él pasaría directamente de ser la víctima a ser el culpable. Y esta sensación de indefensión es la que provoca que luego a este profesorado se le acuse de no estar más involucrado en la educación de los alumnos, cuando de forma paralela se les deja de lado cuando suceden sucesos de esta índole.
Por eso, este incidente, como tantos otros que ocurren si no a diario sí con excesiva periodicidad, no puede acabar en el olvido de un día, sino que se debe proseguir con una actuación judicial y dando información sobre la posible condena que pueda recibir el agresor, como ejemplo y como sensibilización para todos.


Con expedientes no se resuelve nada

La Dirección General de la Guardia Civil ha abierto expedientes disciplinarios a otros dieciséis guardias civiles por falta muy grave, al participar en la famosa concentración de Madrid del pasado 20 de enero vestidos de uniforme, con lo que la cifra de expedientados se eleva ya dieciocho funcionarios. Además, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha advertido al respecto que el Ejecutivo “no va a aceptar ningún chantaje”, añadiendo que “la ley tiene que cumplirse y nuestra obligación es que se cumpla”. Fernández de la Vega tiene razón. Ningún gobierno puede aceptar chantajes y, obviamente, las leyes están para cumplirlas. Pero la vicepresidenta olvida que el PSOE, partido que sustenta al Gobierno, prometió antes de las pasadas elecciones municipales una serie de reformas en el Instituto armado que no ha querido, no ha sabido o no se atreve a acometer, y que las protestas de ahora son por culpa de esos incumplimientos. Hoy en día es muy difícil entender que un cuerpo policial siga con una estructura militar y sometido a un régimen disciplinario con medidas de corte militar. Las elecciones están cada vez más cerca, los guardias estarán atentos al programa socialista.

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