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¡Bendito Lunes de Pentecostés!
La visita de la Virgen del Rocío por la casa de Jerez fue breve pero intensa
José blas moreno El Rocío
Tres minutos en la gloria. Breve pero intenso. Así fue el paso de la Virgen del Rocío por la casa de Jerez en la aldea almonteña. A las diez y veinte de la mañana tras varios intentos, las andas que portan a la Blanca Paloma y al Pastorcito Divino encararon definitivamente el pasillo imaginario que llegaba hasta el Simpecado morado de la hermandad jerezana. Previamente, el padre Martín Alexis, sobre los hombros de un miembro de la junta de gobierno, animó a los jerezanos presentes en las proximidades de la casa a llamar a la Virgen. Como no, la llamada se produjo con los sones únicos de las palmas por bulerías de esta bendita tierra y por el constante repicar del campanil.
Cuando se acercó, las palmas cambiaron de son para acompañar la entonación de la famosa sevillana que dice: “No hay quien te lleve Paloma como los almonteños”. El momento llegó a su punto álgido cuando de la garganta del fraile dominico salió la salve a la que es Reina y Madre del Rocío. En ese momento en la mente de todos, las peticiones y los recuerdos a los ausentes. Los que gozan ya de su presencia en las Marismas Eternas. En especial se echó en falta al padre Jesús Fernández de la Puebla, habitual en las mañanas de Pentecostés junto a sus hermanos jerezanos. Una incesante lluvia de pétalos cayó sobre el techo del paso de plata y la emoción embargó a los desplazados a la aldea, muchos de ellos luchando bajo el paso de la Virgen. Instantes escasos que suponen una eternidad al que se hace presente en el lugar y que ofrecen detalles que se guardarán durante un año en la memoria a la espera de un nuevo Rocío.
La procesión de esta festividad de Pentecostés comenzó pronto. A las dos y treinta y un minutos de la mañana la Señora quiso que los almonteños saltaran la reja y sólo un cuarto de hora después estaba junto al pocito, recuerdo de las viejas estampas junto al antiguo santuario. Encaró pronto el paso la visita de las hermandades, comenzando su itinerario en una noche fría, como es tradicional, mostrando pleitesía al simpecado de la hermandad de Huévar. Como novedad presentó el paso el detalle de la subida de los basamentos de los varales con el objeto de que quienes porten el paso no se agarren a ellos y así evitar el empuje de las andas hacia el suelo. La Virgen lució en la procesión de ayer la saya bordada en 1956 y el soberbio manto conocido popularmente como de los Apóstoles. El exorno floral que adorna las ráfagas de la Blanca Paloma, lucieron flores que por primera vez fueron colocadas por el hijo de la camarista.
Una de las procesiones más breves de los últimos años, no llegó a las nueve horas, enfilaba la ermita en torno al mediodía, para una vez posado el paso en el suelo de la ermita, dirigirse hasta el altar mayor sobre las ruedas recuperadas hace escasos años, y ser colocada la Virgen del Rocío bajo el magnífico retablo que empezara a tallar a finales del siglo pasado Antonio Martín.
En definitiva un Rocío más íntimo y con menos visitantes. Un Rocío en el que no faltaron las tradicionales sevillanas de los Marismeños o de Senderos, grupos almonteños que honran año tras año a la Virgen cantando en el sobrecogedor silencio que en esos momentos se produce en torno al paso. Una romería en la que los rocieros han comentado la disminución de los visitantes y que las cifras aportadas ayer lunes por el plan romero viene a refrendar. El número de vehículos que han llegado a la aldea entre el sábado y ayer, ha disminuido en un 10,4% con respecto al año pasado.
Quizás sea porque se va recuperando un Rocío como debe ser, sin tantas aglomeraciones; o quizás sea que la tan traída y llevada crisis ha impedido que muchos se desplazaran hasta tierras onubenses. Lo que queda claro es que en el pensamiento de todos está el 1 de junio de 2009, próximo Lunes de Pentecostés. Mientras tanto, que la Virgen del Rocío y el Pastorcito Divino nos den salud y que podamos ser reconfortados de nuevo con nuestra presencia ante Ella. Que así sea. ¡Viva Esa Blanca Paloma!