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Opinión
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Cuchilladas del desamor
Marco Antonio Velo
Los
remedios del desamor constituyen ese mal mayor de la sociedad incivil
todavía sepultada bajo las cloacas de un delirium tremens
demasiado a la orden del día de los asesinatos pasionales.
La inaceptación de la ruptura sentimental representa una
de las constantes y sangrantes asignaturas pendientes de entre
las obligatorias de la psicología nacional. A mí me
pide el cuerpo, la rabia y la irritación suscribir hoy un
libelo canallesco pero no menos justiciero contra los asesinos
de armas blancas, de iracundos cuchillos en filo y de ruines puntillazos
a bocajarro. Primeramente porque estos personajes -los verdugos
de sus esposas- padecen una egolatría, una soberbia y un
narcisismo de tomo y lomo. Esto es: un descoloque mental que irriga
mala leche a los conductos de su varonía de chichinado.
Esto es: una frustración interior que desborda todas las
lindes de la cordura. Esto es: una sinrazón desnaturalizada
de la práctica del respeto como condición indispensable
de convivencia o supervivencia según los casos o los cosos.
Y en segundo término porque la salvajada comúnmente
acompañada de cobardía sólo puede denominarse
como barbarie, locura irredimible y paranoia digna de ejecución
pública. Los matones a quemarropa no merecen la consideración
social ni la retención de los procesos judiciales. Como
lacras siempre al acecho, como estigmas de la indigencia sentimental,
han de correr la suerte de los antiguos reclutas gamberrillos:
directísimos para el calabozo. La violencia doméstica
desmantela toda conceptuación del amor como escalofrío
sagrado del alma. El tristísimo suceso acaecido este pasado
fin de semana en Jerez levanta además las ampollas de otra
temeridad superpuesta: la que fragua la unión conyugal a
partir los programas de televisión amparados por las inopinadas
flechas de Cupido. Nunca he confiado enteramente en esta dinámica
de emparejamiento. Tan peligrosa y resbaladiza como algunas adolescentes
citas a ciegas propulsadas por la alucinación del chat cibernético.
Es cierto que la tercera edad enfatiza la sensibilidad y la bondad
de las personas. Por eso yo hoy abomino de los viejos decrépitos
que asesinan a todo trapo, a trasquilones, a tiro hecho, a tontas
y a locas y, sobre todo, a tumba abierta.
marcoantoniovelo@yahoo.es
Diario de un jubilata
José Francisco Sánchez
Que la cosa está mal a nivel mundial, nacional y local lo
sabe hasta el apuntador, cualquiera. Quizás más que
nadie precisamente el que apunta porque en los tiempos que corren,
cuando ya se creía desterrada la costumbre, han vuelto a
renacer las figuras mitad bondadosas mitad usurerillas del tendero
y del ditero, del fiao. Total como las ofertas bancarias de me
entregas tú dinero por muchos meses y te damos una tele
de plasma o una plancha, según. Esto de ahora es lo mismo
sólo que sin anestesia: Te llevas la compra y a final de
semana dinero al canto. Hombre no son muy baratos pero tampoco
son disparatadamente caros. Que con las perras -ya se sabe- se
compra mejor en esas pequeñas superficies, ahora tan frecuentadas
y más o menos desdeñadas antes de la crisis. Esas
en las que se compra de todo, sólo hay que ver cómo
salen los carritos, con la excusa de las galletas centroeuropeas
de chocolate. La vida.
Y es que ha sido un palo detrás de otro, y cada puñetero
día las cosas más caras. Que sube el arroz unos céntimos
-que al fin y al cabo no parece nada- y vienen y nos recuerdan
que eso es el nosecuantos por ciento, y visto así te entra
un escalofrío que para qué. También ocurre
que entre que no dominamos mucho la moneda, que aunque digamos
que sí yo aseguro que leches, y que la leche -ya que la
he nombrado- sube sin ponerla al fuego, me formo cada empanada
mental de mucho cuidado.
A todo esto los ganaderos gallegos, artistas de la empanada, andan
en pie de guerra por la miseria que le pagan los distribuidores
por el líquido elemento vacuno; y en llegando aquí ya
me pasa como en Valdelagrana, que te metes muy confiado pero que,
si sigues por derecho, acaba cubriéndote el agua. Claro
que si hablamos de agua… A mí me parece que muchas
de estas cosas son inventos. Sí, que nos quieren entretener
para que no hablemos, ni pensemos en lo dichosamente endiablada
que se ha vuelto la vida. Sólo hay que ver las cosas que
nos cuentan en el telediario: Siete u ocho historias de juzgados,
todos los accidentes posibles y mucho fútbol, también
un poquito de política ficción con rifirrafes de
jerifaltes populares a cuenta de su congreso y adiós muy
buenas. Mientras, los socialistas viéndolas venir y matándolas
callando.
Nosotros acabamos de salir más o menos tocados del ala de
una feria linda y cara. Linda porque no se le puede poner ni un
pero y cara porque sólo hay que mirar el saldo bancario
o el sobre donde se guardan las perras del mes. La desolación
es la figura retórica que mejor lo define si creemos los
mensajes de una parte del espectro político, mientras que
la otra parte, a fuer de repetirlo, intenta hacernos creer que
esto es, más o menos, una tormenta de verano de esas dañinas
pero pasajeras. No sé, ciertamente, pero aquí queda
poco. Calderilla.
Dicen que mi casa vale cada día menos, pero por el límite
catastral resulta que la valoran a más. La gasolina se ha
puesto como para no coger el coche, pero lo que se dice cogerlo
acabaremos cogiéndolo. Aseguran que los alemanes son gente
sufrida que lo único que hacen es trabajar sin quejarse;
a mí me gustaría verlos por aquí en las mismas
condiciones que muchos de nuestros conciudadanos. Que para gente
con aguante de verdad de la buena: la nuestra, fijo.
josefco_sanchez@yahoo.es
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